Después de tres años sin venir a Mar del Plata, la banda comandada por Ciro Pertusi se presentó el sábado en Abbey Road junto a Mal de Parkinson.

|Por Makú Rodríguez|


Esta cobertura sería más larga de lo habitual. Arranqué la travesía pasadas las 20:45, sabiendo perfectamente que iba a llegar demasiado temprano. Mi problema es que no encuentro un punto medio entre la impuntualidad y la puntualidad.  La verdad es que no me importaba, quería hacer el trayecto tranquilo y tomarme mi tiempo. Subí al 562 con dirección hacia Abbey Road y di por comenzada la noche.

La zona de Abbey Road estaba inhóspita. En la puerta, sólo algunas personas haciendo fila y el personal de seguridad preparando el lugar para el ingreso del público. Lentamente la gente se iba aglomerando a un costado para meter presión y así apurar la apertura de las puertas.

Me encontré con un amigo para que la espera sea menos tediosa. Finalmente, pasadas las 21:30 dieron puerta y la gente comenzó a ingresar. Las mesas ocupaban un poco menos de la mitad del espacio y aquellos primeros en entrar se fueron ubicando. De fondo sonaba Queens Of The Stone Age y las camareras ya comenzaban a rondar por el lugar.

Aproveché la ocasión para pedir una cerveza y distender un poco antes del inicio de Mal de Parkinson.  Abbey Road es un lugar que siempre te hace esperar. Últimamente los recitales se demoran mucho más que lo habitual y eso, indefectiblemente, genera bastante desgaste.

El reloj marcaba las 23:00 y el telón se abrió para que la gente de Mal de Parkinson pisara el escenario. Al sonar el primer acorde de guitarra, varias personas se fueron acercando al escenario para que arranque el agite. La legendaria banda punk marplatense siempre lleva un gran caudal de público a sus presentaciones y esta vez no fue la excepción. El set de los Parkinson fue enérgico y bastante extenso.  La lista incluyó clásicos como “1996”, “No Creo”, “Decadencia G” y “Ataque Nuclear”

Luego de una hora de show y reflexiones acerca del apoyo a la cultura marplatense, Mal de Parkinson cerró su presentación. El telón se cerró y nuevamente, la espera eterna antes de la salida de Jauría.

Pensé que ante el inminente frío y la distancia que implica Abbey Road, la concurrencia iba a ser poca. Afortunadamente mi pronóstico no fue así. Cantidad ideal para una noche divertida. Paseé un poco por el lugar y reconocí varios rostros. Sentado en una mesa casi a oscuras se encontraba Sacco, primer cantante de Mal de Parkinson y actualmente vocalista de The Garkas. Del otro lado, también en la penumbra, estaba Juan Novoa (cantante de Clase 76, fundador de Expulsados e integrante de bandas como Pelea de Gallos y Romanticistas Shaolins). Dos exponentes del punk argentino merodeando en Abbey Road.

Pasadas las 00:00 salió a escena Jauría. Sinceramente me emocioné al ver a Ciro arriba del escenario después de tanto tiempo. Un héroe de la adolescencia por el cual siento mucha admiración. Arrancaron con “Ascenso” canción del primer disco de Jauría. La gente en su totalidad estaba parada, excepto los de los costados en las tarimas, sentados en sus respectivas mesas.

Ciro Pertusi estuvo casi dos años alejado de los escenarios por un problema en su garganta. Debajo del micrófono, enganchada en el pie del mismo, tenía una cantimplora con jugo de la cual tomaba entre tema y tema. Más allá de su inconveniente en la voz, hay que decir que se la bancó muy bien. Cada vez que finalizaba un tema, aprovechaba para charlar con la gente y descansar un poco. Se notaba que su garganta no está del todo bien. Tiene la voz carrasposa, pero increíblemente cuando canta ni se nota.

El repertorio fue un equilibrio entre sus dos discos. La lista continuó con “Niños de Cristal” y “El Tren”. Particularmente, Jauría me genera nostalgia. Ray Fajardo, ex baterista de El Otro Yo, me parece uno de los mejores bateristas argentinos que vi en vivo. Mucha técnica y velocidad. Toca con doble pedal, algo bastante inusual en bandas de este tipo.

Otro de los rasgos distintivos de Jauría son los hermanos Ambesi en bajo y guitarra. Sebastián entró para reemplazar al ex Cabezones Pichu Serniotti. Mauro, es de la línea fundadora de Jauría. Ambos excelentes músicos.

Como era de esperarse, la lista también tuvo su lado vieja escuela. El primer tema de Attaque 77 que hicieron fue “El Ciruja”. Suficiente como para encender a los viejos seguidores. Luego, “Ojos de Perro”. Este último me sorprendió porque justo esa canción no la cantaba Ciro en Attaque, la interpretaba Mariano Martinez, guitarrista y ahora cantante del grupo. Luego, siguieron con “El Pájaro canta hasta morir”.

Aun así, de todos los temas que hicieron de Attaque, hubo uno que me conmovió más que el resto: Áspero. Con Juan Novoa como invitado, hicieron uno de mis temas favoritos de la ex banda de Pertusi. Una canción sensible del que es para mí su mejor disco, Un día Perfecto del año 1997.

Juan Novoa no sólo participó en ese momento. También subió a cantar otro tema inoxidable de Attaque 77, Espadas y Serpientes. Si la voz de Novoa había encajado a la perfección en Áspero, en esta canción directamente te olvidabas que alguna vez había sido cantada por Ciro. Esencia Ramonera por todos lados.

Casi llegando al final del recital, Ciro tuvo su momento de sensibilidad. Agradeció a la gente de Mal de Parkinson y a todos los viejos conocidos presentes.  Una simple muestra de humildad y reconocimiento.

Lamentablemente, luego de que terminaran el último tema antes del encore, ocurrió un pequeño incidente entre el personal de seguridad y un grupo de personas con ganas de pelear. Una pequeña batalla campal se desató en el sector de las mesas que luego continuó afuera. Afortunadamente, este trago amargo no opacó lo lindo de la noche. Dicho suceso retrasó un poco la vuelta de Jauría a escena. De hecho, estuvo a punto de suspenderse la última parte del show.

Una vez calmado el asunto, volvieron al escenario para cerrar la noche como correspondía. Dieron fin al show con el clásico “Donde las águilas se atreven” de Attaque 77. Subieron al escenario todos los Mal de Parkinson, Juan Novoa, Sacco y varios amigos de la banda para ayudar con los coros.

El “Podrán pasar mil años, verás muchos caer, pero si nos juntamos no nos van a detener” como grito de guerra le pone la piel de gallina a cualquiera. Fue una linda manera de cerrar un show muy bueno.

Pasadas las dos de la mañana terminó el show y salimos todos a la calle. Varios patrulleros en la puerta certificaban que el combate había seguido afuera. El mal momento no arruinó la alegría que se vivió durante el show de Jauría. Caminé hasta la esquina para esperar nuevamente el bendito colectivo. Podría haberlo esperado dos horas más y la sonrisa no se me iba a borrar de la cara, porque no hay nada más lindo que volver a las raíces y ver en vivo a tus héroes de la infancia.

 

 

 

 

 

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