Este fin de semana puedo decir que por fin conocí a Gativideo en todo su esplendor. Su presentación en el Club Tri tuvo un nivel altísimo, donde se disfrutó a pleno toda su visión retro de un pop tan grotesco como elegante. En la siguiente crónica repasamos una noche de sábado casi perfecta, con la antesala a cargo de Panchito Villa y un cierre a puro baile.

|Por Federico Velasquez|


Todo el sábado había resultado tranquilo. Fue como el estereotipo de buen día de fin de semana que se espera un martes a las cuatro de la tarde. Se hizo lo justo y necesario, con bastante descanso de por medio, y con un buen plan para la noche: ir a Club Tri. Tocaban los Gativideo y Panchito Villa.

El nombre de Gativideo es uno que me viene llamando la atención hace un tiempo. Cada vez me picaban más cerca sus canciones, hasta que por fin me decidí por ver su presentación en vivo en el Lollapalooza. Como a todes les sucedió, seguramente, el primer impacto fue estético. Con sonoridad acorde a esa representación, la banda parece sacada de otra década e insertada de manera bizarra en la actualidad.

Los días previos unas amigas me tiraron la idea de ir a verlos. Genial: la compañía a veces termina por convencerte de ir o no a un lugar. Finalmente fuimos y adentro me encontré con otro par de amigues. Poco tiene que ver esto con el recital en cuestión, pero el contexto influye siempre en la predisposición a la hora de escuchar música.

Llegamos bastante pasada la hora indicada, pero llegamos bien. Luego de breves minutos salió Panchito Villa al escenario. Pensé que me lo había perdido, por suerte no. Se presentó en formato solista, algo que limitó su música a la guitarra, la voz y algunas eventuales teclas. Es por ello que explicó sus tarareos en el medio de las canciones: emulaba algunos instrumentos faltantes.

Promedió un show prolijo, ameno, donde repasó varias canciones de su repertorio, con algunos acordes que sonaron bellísimos. En el durante, la gente seguía llegando al club: hubo quienes enseguida se acomodaron frente al escenario, otres iban primero por una birrita o comida. La pausa se prolongó bastante, pero claro, hay que tener en cuenta que Panchito Villa volvería a ocupar el escenario como tecladista de Gativideo.

Apenas pasadas las 23 salieron los estrambóticos protagonistas de la fecha. Inmediatamente la atmósfera se tornó festiva y, a pesar de no ser así, todes nos sentíamos con pantalones ajustados y patas de elefante, bigotes y patillas vetustas. Ya estábamos dentro de ese vhs de Luis Miguel del cual surgió este conjunto.

La banda tiene una presencia formidable ahí arriba. Sus expresiones llevan las interpretaciones a un nivel superior y la postura de las dos coristas sumó un bocha al show. Compinches ellas, y metiendo voces increíbles de apoyo, Gativideo se convierte en toda una experiencia de diversión y disfrute.

Las canciones pasaban naturalmente, con bastantes chistes de por medio entre el cantante y el guitarrista. No daban ganas de despegarse del show ni siquiera para ir a comprar una cerveza. Valía la pena no perderse ningún detalle. Además, el baile se ponía candente por momentos. A propósito, cabe mencionar que hubo una buena presencia de público: no estaba lleno, pero había un buen promedio de personas, la cantidad justa para poder moverse sin empujones y danzar con las brazos incluídos.

El transcurso fue muy parejo, sería difícil destacar los puntos altos de su performance. Sí es inevitable resaltar la canción siempre presente de Luismi en sus listas, además de su hitazo “Bruce Willis”. La sorpresa que dejó atónito al escuchante fue, sin embargo, un cover ricotero: se despacharon con una versión impecable de “La Bestia Pop”, de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Terminó el show en pleno éxtasis. La gente pidió por más canciones, no hubo. O, como bien dijeron desde la banda, no exiten aún. Prometieron volver pronto con nuevo material para saciar la manija. Nos quedamos satisfechos de todos modos: tocaron muy bien, ejecutaron excelente, fueron muy divertidos y nos hicieron mover el cuerpo. Aplausos y nos vemos a la vuelta.

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