Malón, Asspera, Plan 4, Melian y Hueso pisaron Mar del Plata y se presentaron el sábado en Abbey Road en el marco del Metal Valley, junto a Reptil y Athernum. Jornada maratónica de metal para todos los gustos.

|Por Makú Rodríguez|


Siete bandas me parecía una barbaridad. Creo que no es ni bueno, ni malo, es algo que realmente no me imaginaba cuando anunciaron la fecha del sábado. El lineup desde un principio me llamó la atención, la combinación de bandas me parecía muy interesante. Si bien todas siguen el lineamiento de la música pesada, los más puristas del género se habrán dado cuenta que las siete bandas que se presentaron el sábado en Abbey Road tienen su propia impronta musical y escénica.

Por primera vez en 22 años sobre esta tierra llegué tarde a un recital.  Hago esta mención ahora para no mentirle a los lectores e ir con la verdad para adelante. La apertura de Abbey Road estaba anunciada para las 18:00 e ingenuamente me dejé llevar por todas mis experiencias en dicho lugar. Ojo, arribé al recinto situado en el abismo de Avenida Juan B Justo a las 19:30, tan tarde no era, pero aun así  no pude ver la presentación de los chicos de Athernum, tampoco la de Hueso.

Me puse bastante mal. Siempre me dijeron que Athernum suena muy bien en vivo. No tengo dudas de eso, pero quería comprobarlo empíricamente. La próxima será. A Hueso tuve la posibilidad de verlos la última vez que vinieron a Mar del Plata. Tocaron en Vinoteca junto a Bayside Kings de Brasil. Es una banda conformada por músicos con mucho recorrido en la escena hardcore de Buenos Aires. Una suerte de super banda que en sus filas cuenta con viejos soldados del Buenos Aires Hardcore de la década de los 90.

Llegué a Abbey Road y una horda de metaleros se dirigía hacia el Toledo en busca de cerveza como orcos marchando a Mordor. Buen caudal de gente en las inmediaciones del lugar. Mucho cuero y muchas tachas sobre cuerpos sedientos de pogo y destrucción.

En la antesala se habían montado las ferias de las bandas con remeras, buzos y discos. El lugar se encontraba con una buena cantidad de gente. Casi instantáneamente comenzó a tocar Reptil. Rápidamente saqué mi cámara de la mochila y caminé apresuradamente hacia la valla para comenzar a fotear.

Reptil.

Hacía muchos años que no veía a Reptil. Si mal no recuerdo la última vez fue con A.N.I.M.A.L en Gap. Una banda con una amplia trayectoria y recorrido por los escenarios marplatenses. Su set  duró un poco más de media hora. Es una banda reconocida dentro del espectro metalero de la ciudad, era de esperarse que tuvieran a su séquito de seguidores dejando la vida adelante de todo. Mientras tanto, Abbey Road seguía colmándose poco a poco y la cerveza cotizaba más que el oro en la Edad Media.

Creo que lo que más me llamó la atención cuando se anunció la fecha, fue que tocara Melian. No por una cuestión de género, sino que es una banda a la cuál acostumbraba a ver en otro tipo de fechas. Siempre los vi compartiendo movidas con bandas como Shaila, Deny o Dar Sangre. Un palo bastante alejado del metal pesado. Aun así, era un matiz más que interesante para este Metal Valley.

Melian.

Voy a confesarles algo. Hace algunos años Melian no me gustaba. De hecho, representaba al enemigo. En mi mente corroída por el hardcore punk sectario y de línea recta, Melian era una banda para caretas y para chetos. Fui muy ingenuo. Después con el correr de los años fui creciendo y pude digerir y entender el sonido de Melian. Hoy por hoy me parece una bandaza.

Alejandro Picardi de Melian.

Muchas veces uno tiende a pensar lo peor o a imaginar situaciones hipotéticas. Pensé que los chicos de Melian no serían bien recibidos. Quizás por la impronta escénica o mismo por el sonido. Afortunadamente no fue así. Si bien es cierto que no había mucha gente delante de todo, hubo un minúsculo sector del público que se prendió a cantar los temas de Melian.

Sonaron terrible. Particularmente me vuelven loco los breakdowns al estilo Architects. Metalcore y post hardcore muy bien hecho. Al segundo tema tuvieron un pequeño percance con una de las guitarras y retrasó un poco la presentación de Melian. Este Metal Valley estuvo diezmado por la espera y por los inconvenientes, ahondaré en eso más adelante. Entre tema y tema el vocalista Alejandro Picardi aprovechaba para agradecer a la gente por el respeto y por apoyar movidas como esta.

Después de 40 minutos de show, Melian cerró el telón para dejar el escenario listo para la siguiente banda. Los breakdowns quedaron sonando en mi cabeza por un rato largo. Me generó mucha felicidad volver a verlos después de tanto tiempo.

Hubo mucha espera en este festival. Es entendible igual, cada banda tenía que armar su propio backline y todo eso conlleva una gran cantidad de tiempo. Más allá de eso, el cambio de Melian a Plan 4 no fue tan largo.

Era el turno de la banda comandada por el Canario. Plan 4 está en las vísperas de sus 15 años como banda y acá en Mar del Plata tienen un gran caudal de seguidores que los bancan hace muchísimos años. Era fácil de notar, entre la gente había muchísimas remeras de Plan 4. Abbey Road ya estaba mucho más lleno y la gente se fue acercando cada vez más para ir dándole forma al agite metalero.

Plan 4.

Se abrió nuevamente el telón y allí estaba Plan 4. Canario arriba de una tarima con un look de luchador de WWE. Es un ropero gigante con pelo largo y voz gruesa. Abrieron de manera energética paseándose de un lado al otro por todo el escenario. Las primeras onomatopeyas metaleras comenzaron a tener lugar. El famoso “HEY, HEY, HEY…” de puño apretado como grito de guerra para la emancipación del metal.

Días antes de la fecha dialogué con Canario. Me invitaron a un programa de radio y terminé charlando con él por teléfono. Su aspecto de metalero de pocas pulgas no te tiene que asustar. De todas las personas a las que entrevisté en mi corta carrera como periodista, creo que Canario fue el más amable y simpático de todos. Hablamos de la fecha y de los mejores discos del metal argentino. Un tipazo.

Creo que más allá del sonido demoledor de Plan 4, una de las principales características de la banda es la actitud contagiosa que tiene Canario arriba del escenario. Muchísima energía y por sobre todas las cosas, mucha buena onda. El show de Plan 4 estuvo marcado por el ida y vuelta entre los músicos y la gente.

Sonaron ajustadísimos y bien agiteros. De todas las bandas que tocaron en la fecha, creo que Plan 4 fue la que más actitud le puso arriba del escenario. El pogo fue demencial y divertido. Tuve el valor de meterme con mi cámara en el campo de batalla para poder lograr buenas capturas. Párrafo aparte para el medley de Black Sabbath. Iron Man y Paranoid pegadas para rendirle homenaje a una de las bandas más grandes de la historia.

Canario de Plan 4.

Finalizado el show de Plan 4 comenzó el principal inconveniente de la noche. De tiempo veníamos bien, si mal no recuerdo ni siquiera eran las 12 de la noche. Aproveché el intervalo para salir un poco a tomar aire y sentarme. Estuve parado durante muchísimo tiempo y el cansancio me estaba jugando una mala pasada. Me pedí un vaso de cerveza para relajar un poco. En la entrada de Abbey Road yacía en un sillón el primer caído de la noche. Una ambulancia arribó a las inmediaciones para socorrer al soldado derribado en cumplimiento del deber.

La espera se estaba haciendo más larga de lo habitual. Me pareció extraño. El cronograma indicaba que tenía que salir a tocar Asspera. Creo que junto a Malón, una de las bandas más esperadas de la jornada. Para amenizar el tiempo y no sufrir tanto la espera me pedí otro vaso de cerveza. En la fila de la barra me encontré con un viejo conocido radial que me tiró un chisme bastante polémico. Por lo bajo me dijo “che, me parece que Asspera no toca”

Dato complicado. Al parecer eran problemas de dinero. Desprolijidades de la organización y también un poco de codicia por parte de la banda. No sé, a título personal creo que yo tocaría igual. Aunque también hablo desde la ignorancia. No sé cuánto dinero menos podrían llegar a cobrar, pero desde este lugar puedo asegurar que nunca dejaría tirada a la gente que pagó una entrada para verme. Igualmente, es algo que no me concierne y como dije hace un par de renglones, estoy hablando desde el desconocimiento.

El rumor ya lo tenía. Me sentía privilegiado de estar al tanto de eso. El secreto profesional me impedía revelar ese dato a cualquiera. El lugar estaba casi lleno, si Asspera no tocaba algo malo iba a pasar. Decidí buscar más información. Me acerqué al escenario y metí mi cabeza entre el telón gigante. Efectivamente. Habían desarmado todo. Me sorprendía que la gente no sospechara nada. Había pasado una hora de la finalización del show de Plan 4. Me crucé a Tincho, sonidista de Vinoteca y le pregunté si sabía algo. Me dijo que había problemas de plata, que no sólo Asspera quizás no tocaba, sino que Malón tampoco.

En ese momento me dije a mi mismo “bueno, creo que será mejor ir acercándome a la puerta y buscar algo que funcione como escudo” Pude ver como los de seguridad se iban reuniendo para diagramar su accionar en caso de desmanes. Se los notaba preocupados. Lógico. ¿Cómo le decis a 600 personas que las dos principales bandas no van a tocar? Todo indicaba caos y destrucción. Pasaron casi dos horas y la gente comenzó a chiflar. Me acerqué nuevamente al escenario y vi a los asistentes armando la batería al costado. Finalmente iban a tocar. El pacto del Metal Valley dio sus frutos y optaron por la paz, antes que la destrucción.

Asspera.

Asspera subió al escenario. El telón se abrió e inmediatamente se cerró nuevamente. Detrás del mismo, Richard el cantante dijo “apa, se la creyeron eh”. Comenzó el show bizzarro de Asspera. La gente se copó al instante. Como dije en párrafos anteriores, era uno de los platos fuertes de la jornada.

Finalizado el primer tema, su cantante pidió disculpas por la espera y aseguro que había cosas que “no podían pasar” y resaltó ciertos puntos desorganizados por parte de la productora.

Particularmente no me gusta Asspera. No me genera nada. Suenan muy bien, pero quizás no comparto esa perspectiva irónica plasmada en sus canciones. Sí, me causa gracia, pero un rato nada más. Aun así es innegable que tienen muchísimos seguidores y que hoy por hoy son una de las bandas de la escena heavy que más caudal de gente lleva.

El público se prendió de principio a fin con un feedback de insultos. Es un rasgo característico de los recitales de Asspera. Una banda que ironiza sobre todo y que a su vez, realiza una crítica sobre diversos temas. Se autoproclaman como metal bizzarro. Ya de por sí son bizzarros en escena, con máscaras y una impronta teatral bien marcada.

Así como fui sincero al hablar de Melian, voy a ser sincero con mi reacción ante el show de Asspera. Vi algunos temas y después me fui a sentar a uno de los sillones que están en la entrada de Abbey Road. Lo siento mucho, es más fuerte que yo.

Asspera llegó a su fin y era el momento de darle paso a Malón. Nuevamente, la espera casi eterna. Igual es entendible, había que armar el escenario y todo eso llevaba cierta cantidad de tiempo. Decidí encarar hacia el escenario para estar bien cerca cuando salieran a tocar. Ahora sí, el lugar estaba llenísimo. Hacía bastante tiempo que no veía tanta cantidad de público en Abbey Road. El reloj marcaba las 03:00 y la banda aún no aparecía. Otra vez, el reloj en contra y el cansancio también.

Malón.

Se abrió el telón y casi me largo a llorar. Sí, lo digo sin pelos en la lengua. Mi vieja mochila de Hermética desintegrada por el correr de los años lloraba de felicidad en el cielo de los objetos perdidos. El Tano Romano con la misma guitarra de siempre. El Pato Strunz detrás de esa batería bestial y O’Connor con su rostro demencial. Un pedazo de historia delante de mis ojos.

Me mantengo en el lineamiento de hablar sin pelos en la lengua. Comenzó Malón y se re pudrió todo. Rostros de emoción en el pogo y muchísimo sentimiento. Al principio hubo un leve desperfecto en el sonido, pero después se acomodó casi inmediatamente.

En los sectores del costado, en esa suerte de ¿gradas? con mesas se habían aglomerado un gran caudal de metaleros y metaleras, como si estuviesen alentando en el tablón. Gente en cuero por doquier y remeras flameando a los cuatro vientos. Se vivía un clima de cancha y de aliento puro. Pogo salvaje y mucho sudor. Al principio decidí fotear desde un costado para tener un mejor plano del público y la banda. Después de algunos temas no me resistí y tuve que meterme en el ojo del huracán.

Fue un tema atrás del otro. O’Connor ni dialogó con la gente. Lo único que decía entre tema y tema era “Mar del Plata” estirando la última vocal. Quizás daba algunos pasos hacia el costado del escenario para beber una copa de vino y nada más.

Al Tano Romano siempre lo respeté por su trayectoria en el metal y por lo que significó para el mismo. Nunca lo destaqué por ser un hábil guitarrista, aunque el sábado cambié de opinión. Mucha gente lo desvaloriza por no tener las cualidades técnicas que poseen casi todos los guitarristas de metal. Cualquiera. Lo que hace, lo hace perfecto. No tendrá la velocidad de Petrucci en su mano izquierda, pero el machaque característico del Tano lo hace un guitarrista increíble.

O’Connor y el Tano Romano.

Hicieron bastantes temas de su nuevo disco, pero no faltaron los viejos clásicos de la banda. La gente pogueo sin cesar desde el comienzo hasta el final. Ingenuamente pensé que la gente iba a estar cansada por la gran cantidad de tiempo que se perdió en las esperas. Era tardísimo. El horario del recital se asemejaba al de un viejo festival de la década de los 90.

Lógicamente no iban a faltar temas de la H. El primero en sonar fue Atravesando Todo Límite. Primer coletazo nostálgico de la presentación de Malón. O’Connor no dejó de pasearse de punta a punta con una sonrisa malévola y penetrante. Miraba y señalaba al público en todo momento. Se nota el pasar de los años en su voz, pero aun así deja la vida en cada canción.

El show duró una hora y media. Abandonaron el escenario durante unos minutos y ante la inclemencia de la gente volvieron para romper todo con dos clasicazos de Hermética: Soy de la Esquina y Tu Eres su Seguridad. Emoción pura. No pude contenerme y me metí en el pogo con cámara y todo. No me importaba nada. Un himno de mi vida en vivo y en directo de la mano de estos monstruos. Impresionante. Luego, con Tu Eres su seguridad me calmé y lo vi desde un costado para hacer las últimas capturas de la noche.

Fue una jornada caótica marcada por la espera y la desorganización. Una maratón de bandas que duró desde las 18 hasta las 04:00. Igual no reniego de nada, más allá del cansancio físico y mental, estos festivales están buenísimos, no sólo por las grandes bandas, sino también por las locales y por las que emergen.

Abandoné Abbey Road a las cuatro y media de la mañana. Madrugada oscura y fría. Todavía suena en mi cerebro el machaque del Tano Romano.

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