La noche de sábado tenía un destino claro desde principios de semana: Club TRI. Era difícil no caer en la tentación de la fecha programada, pues iban a debutar en ese escenario dos bandas marplatenses de crecimiento exponencial durante el último año, como son Esas y MTA y La Fuerza, y porque también caerían desde Mendoza los Gauchito Club, banda que sin escucharla apostaba a ser acorde al nivel del espectáculo propuesto.

Apenas pasada la media hora de las veintiuna, entre acoples y oscuridad, surgió una zapada sabrosa entre bata, viola y bajo, a la que minutos después se sumó el binomio encapuchado de Camilas. Salmódico e inquietante, las voces se fueron entrelazando en las penumbras hasta desatarse abruptamente en rimas y ritmos más candentes.

La propuesta de Esas es muy clara: desarrollar un show musical, visual y actoral desvergonzado y descarado sobre una instrumentación basada en el funk y el groove. La parte teatral es evidentemente algo que abordan y que predomina a mitad del show con la intervención en los micrófonos de la “receta para sacar la mierda” que, lentamente, decanta en un mensaje de feminismo, empatía, lenguaje inclusivo y demás. El manejo del escenario en este sentido es muy importante y logra una presencia formidable de la banda que se lleva puesto al público en pleno goce.

En menos de cuarenta minutos ofrecieron un espectáculo sarpado que recibió gran aprobación y recepción del público presente que se manifestó en aplausos, bailes y cercanía al escenario. Les cinco integrantes, por su parte, transmitieron una química hermosa durante la tocada, donde la guitarra tuvo libertad absoluta para romperla y donde se desparramó ritmo y buen gusto.

Rápidamente llegó el momento de MTA y La Fuerza, una banda que tenemos muy escuchada en la casa pero que siempre es una flipada verla en vivo. Cambió un poco la ecuación sobre el escenario: ya no hay guitarra, pero sí teclas y sí vientos. Y lo mejor de todo: músicos buenos —virtuosos diría— que se divierten detrás de un rapero que, valga la redundancia, rapea con mucho sentido, estilo y contenido.

Las piezas instrumentales son invaluables y, por momentos, se vuelcan a un jazz rabioso, casi caótico, donde reina el libertinaje. En este sentido, el hip hop que plantean se aleja de lo tradicional y casi que corre por cuenta exclusiva de las rimas en el micrófono. Esto no atenta contra el empaste de la banda, todo lo contrario: logran una sonoridad muy particular donde brillan todos los elementos.

La mejor noticia llegó sobre el final de su presentación, no por su bajada del escenario, sino por el anuncio de que el mes que viene sacan su primer disco de estudio. Una noticia importantísima que se viene gestando hace tiempo y que significará un gran suceso para la música local. La celebración terminó con “Bagdad”, último single estrenado hace algunos meses.

 

Ahora el recreo se prolongó más. La gente dejó de llegar y había un buen promedio de gente en el establecimiento. La ansiedad por conocer a Gauchito Club crecía con el correr de la noche. Hasta que finalmente saltaron a escena, llenos de aires latinos y ¿flamencos? en “La chica de la playa”. Son muy versátiles y también se permiten coquetear con la cumbia y la salsa en sus canciones.

El sonido de la banda se fue acomodando con el correr de los temas y terminaron sonando muy bien. Es una banda amplia, con siete integrantes, con mucha percu y también una importante presencia de vientos. Sobre esto último es imposible pasar por alto la presencia del trombonista ex Morbo y Mambo en la banda. Un gusto y ejecución impecables que siempre desatan la danza y liberación del cuerpo.

Gran parte del público se sumaba al canto de las letras tan creativas de los gauchitos. Desde mashups con “Give it away”, de los Peppers, a “que llueva, la vieja está en la cueva” y “hoy volví a verte, verte, y se nota que tú me quieres, quieres”. A propósito, es fundamental el rol de la fórmula de dos cantantes que, nuevamente, vuelve a funcionar de maravilla en la noche.

Se hizo medianoche cuando todo terminó. Una jornada con el groove y las rimas como denominador común y tres bandas que tocan y tocaron bien en esta ocasión en particular. Nos vamos, además, con el festejo contento y levantando las banderas de una localía inútil pero que suma muchísimo valor a la escena marplatense.

Las fotos pertenecen a Diego Banegas (@diegofotorock)

 

 

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