El guitarrista Gastón De La Cruz lanzó el disco «Continuum» con una formación envidiable que ejecuta un jazz ecléctico con sello local. Influencias, amigos invitados y la continuidad inocua del género.

|Por Marcos Gabarain|


El Disco

«Continuum» se grabó en Artefacto el pasado 8 de octubre por Agustín Seresini, quien se encargó también de la mezcla. A De La Cruz lo acompañan Matías Rivara en trompeta, Federico Viceconte en saxo tenor, Pedro Carignan en contrabajo y Luciano Monte en batería.

Luego de una «Intro» entre seductora y caótica, con algún que otro estallido de baterías, trompetas y guitarras, «Continuum» se abre paso con la primera parte de «KBZ (La Turca)», una especie de vals jazzeado y conducido por la trompeta sorda de Matias Rivara.

La «parte 1» desemboca en la «Parte 2 (Elemento Parcial)», donde la intención es lenta y sincera, hasta que la base rítmica de Luciano Monte y Pedro Carignan te llevan hacia una especie de de embrujo floydiano. Las lineas de trompeta y saxo tenor, ejecutadas por Rivara y Viceconte, son estocadas de emoción y serenidad en el momento justo.

En «KBZ III» los créditos van para Monte y su batería sincopada, descentrada, arrebatada. Riesgos acelerados que recuerdan al Radiohead más jazzero de «In Rainbows». De La Cruz muestra sus dotes de arreglador medido y sigiloso, con arpegios recurrentes que brindan estabilidad y una secuencia de colchones de cuerdas eléctricas.

Ya promediando el ocaso del disco es cuando De La Cruz saca a pasear su guitarra. «KBZ IV» comienza con su intención a flor de piel, una bigüela de tono cuidado y unos platos distantes para endulzar lo que luego se convierte en una danza que hechiza con los caños.  Luego de unos abruptos cortes, llega el momento de que Carignan haga valer la fortaleza de sus dedos con un solo de contrabajo rebuscado y solemne. Mientras tanto, Rivara sopla desde una cúpula distante con una trompeta llena de eco. Hacia los minutos finales, el también miembro de Niki Lauda agarra la posta con una distorsión para la ocasión y pela un rato.

La quinta y última parte de «KBZ» comienza amenazante y serpentea alrededor de la leve instrumentación de batería, con otra gran presencia de Carignan en contrabajo. La complejidad de las canciones emergen hasta las rebuscadas melodías de ésta, donde una especie de «pregunta y respuesta» de los vientos hacen una dinámica salpimentada con buen gusto. A este juego de líneas se suma De La Cruz al mando de un solo ascendente y descendente que genera una ruptura hacia algo más cargado.

«Rio Nanchy» es el arrivederci. En 4 minutos, las escobillas de Luciano Monte cargan la atmósfera y le dan ese aspecto lluvioso a la obra, que pulula con olor a mar. La selección de canciones está friamente calculada como para que la intensidad y los momentos álgidos puedan disfrutarse.

La Entrevista

-¿Cuál fue tu primer contacto con el Jazz?-

-En principio, cuando fue por elección, me acerque a la parte más fusionera con Scofield. Un amigo me pasó el link de «Up All Night» y algunas cosas sueltas de «Uberjam» y me dijo: «mirá escuchá esto». Al principio no entendí nada, por que yo tenía otra estructura de lenguaje musical en la cabeza, pero me encantó. De ahí me puse en contacto con Seba Del Hoyo, que fue mi primer profe del género. Empecé a estudiar composición también. Siempre me gustó hacer mi música, al principio fue muy frustrante por que yo tocaba hacía como 10 años  la viola y fue como empezar de cero, jaja.- 

-¿Cómo te sentís al entrar a un estudio?-

-Me encanta. De muy chico supe que quería vivir con la música, y poder hacerlo y dejar un registro de eso me parece fantástico. Para mi la música es una celebración. Por otro lado, está siempre la exigencia de hacerlo de manera profesional, formarse, ir con una idea clara sobre cómo querés que suene el disco y tocar bien, obvio-

-¿Qué experimentas al grabar tu propia música?-

-De vuelta, es una celebración. Imaginate que uno trabaja sobre una idea, le da vueltas y formas al asunto, llama a los músicos, con todo lo que eso implica, se juntan a tocar tu música y hacen que todo suene bien. En el mejor de los casos, se involucran colectivamente en el proyecto y todo eso después queda plasmado en una obra. Por más que quizá a la distancia lo escuchás y decís «bueno no me gustó tal cosa como la toqué o como quedó»,  hay una energía en la situación de entrar al estudio que creo que vale por si mismo. Para mi es una suerte de ritual.

El proceso de composición de las canciones fue, según el propio guitarrista, «un proceso largo, por que no lo hice pensando voy hacer un disco que se llame «x»… y toda la cosa de antemano». Algunas obras se originaron gracias a una materia de armonía que Gastón estaba cursando en el momento. Radiohead juega un punto crucial en el «mood» de los temas, y De La Cruz admite que «Si bien los discos del grupo son todos diferentes, creo que tienen un audio que vos decís «son estos tipos». Y un poco eso es lo que quería que tuviera la música de esta serie, que escuches todos los temas por separado pero sintiendo que se parecen un poco entre si y son parte de una unidad, o una Continuidad, justamente (en relación al título del álbm)».

-¿Creés que tu música tiene una proyección que excede al jazz?-

-Pienso que si, pero no como una instancia superadora, ni en pedo. Simplemente por que creo que como a muchos músicos de mi generación, no sólo que nos criamos escuchando otra música y el bagaje es distinto, y eso es algo que aflora y hace al lenguaje de las composiciones. Yo creo que el jazz es una música en constante movimiento y es dónde más libre me siento.-

-¿Qué aportaron los músicos invitados a la dinámica de las canciones?-

-Los llamé para tocar por que los conozco, sé como tocan y además comparto otros proyectos con muchos de ellos, entonces sabía que iba a ser fácil de hacer sonar. Son músicos que están en constante actividad. Fue todo un desafío, por que siempre grabé discos en grupo, y aunque compusiera y llevara todo muy resuelto, siempre había una instancia de consenso entre todos. Acá no. En un momento, les pregunté a los músicos qué opinaban si usaba un trémolo en un tema y me dijeron: «Es tu audio, tu música».-

«Continuum», el nombre del disco, surgió al final del proceso. De La Cruz optó por el concepto «para reafirmar la idea de serie, de una unidad. Algo que empieza, transcurre y finaliza pero nunca deja de ser parte de un mismo devenir«. En un principio, la idea era utilizar la palabra en castellano, «Continuo», pero decidió no hacerlo ya que «se me adelantó Avishai Cohen».

El disco tendrá una presentación en vivo, aunque las canciones que conforman el mismo ya han sido ejecutadas en vivo en varias ciudades del país (Rosario, Bahía Blanca), pero Gastón también admite que « a contramano de lo que se puede pensar lógicamente, para mi el cierre fue grabar la música. La presentación será una formalidad, pero ya lo hemos tocado y lo seguiré tocando.»

«Yo creo que es lo bueno de este género. La música se reinventa en cada toque. En este momento estoy escribiendo (y estudiando ¿cómo?) arreglos de música mía para un ensamble un poco más grande, un noneto. Eso me tiene más entusiasmado, siempre pensar en lo que viene.»

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