Indios presentó su último disco «Besos en la Espalda» junto a Tomás Ferrero en el Club TRI. La jornada aglomeró una gran audiencia que cantó al unisono y le hizo frente al frío. Fotos por Ayelén Valdesogo.

|Por Juana Martí|


Una noche fría, no todavía de esas heladas de Mar del Plata. Una remera manga corta, un buzo fino y una campera de jean. Pero no soy parámetro para el frío, a mi alrededor camperas, gorros y cuellitos.

Éramos 14 los que estábamos puntuales esperando afuera para empezar a disfrutar. Una noche de sábado en Club Tri, ya es garantía de un encuentro cálido, es noche de show, y los Indios rosarinos eligieron nuestra ciudad para presentar su último material, “Besos en la Espalda”.

Tomás Ferrero enfrentó el escenario alrededor de las 21.44, y para la puntualidad que caracteriza a Club Tri, todavía había poca gente y entradas disponibles. Pero el músico y compositor cordobés invitado para abrir el show, empezó a repasar con mucha actitud su primer disco solista “Estamos solos”. Con una guitarra criolla y una voz potente y profunda, tocó sus temas de letras introspectivas.

Y acá permítanme hacer un paréntesis: entiendo tanto a los que les gusta ir temprano y ver a la banda o cantante anterior, como a los que les gusta llegar más sobre la hora, quizás para evitar la ansiedad o la impaciencia. Pero no importa el horario, para mí siempre hay que respetar al artista. Alguien que expresa su arte y lo expone frente a mucha gente, también se expone a sí mismo, y hay que escucharlo.

Aunque el público aplaudía cuando Tomás terminaba sus canciones, se podía escuchar, y mucho, el murmullo de la multitud mientras él cantaba. En “Problemas”, un fuerte “sh”, que hizo al músico mirar y sonreír con complicidad, ayudó a que la gente respete un poco más.

Se despidió con “Fugitivo” alrededor de las 22.20, con un público mucho más atento y animoso. Quizás era una entrada muy tranquila para un sábado, pero las letras cargadas de emoción, y la serenidad de Ferrero, prepararon un clima deleitoso.

El aire alegre y activo quedó latente para recibir a los veinte minutos a los seis músicos rosarinos, que han sabido compartir escenario con bandas como Babásonicos y Blur. Mientras se acomodaban por el escenario, los más entusiastas arengaban al ritmo de “Indios, Indios”.

Joaquín salió seductor, con unos anteojos vintage y un blazer de plush, y se desplazó por el escenario para dar inicio al espectáculo con “Ritmo y Percepción” y los grandes acordes de Nicolás de Sanctis, guitarrista y principal compositor.

Repasaron algunos temas más de su reciente material y preguntando “qué es lo que sabe Mar del Plata”, sonó “Ya lo sé” con mucho ímpetu, y agradecieron a las personas presentes por cantar con ellos las canciones de su tercer CD, el cual presentaban por primera vez esa noche.

Entre hits de su primer álbum homónimo y su último disco, se notó que se alejaron mucho de sus primeros pasos, en donde quizás hacían un pop rock más corriente, aunque alumbrado y festivo. Sonidos más oscuros y sostenidos, como en “Asfalto”, le dan un tono más rockero y profundo a la banda en cuanto a melodía.

Pero los temas con los que supieron colarse en las radios no faltaron, y con un: “y ahora una que nos sabemos todos”, Joaquín presentó “Ya pasó”, y llegó el pogo para darle un poco de movimiento al club con una iluminación volátil, a esa noche de sábado que hasta ahí, avanzaba con animosidad y alegría apacible.

Con canciones de su álbum debut, se sintió el momento más festivo del recital. “La noche” y “Dos galaxias” dieron el pie para iniciar el final del encuentro, y después del clásico “uno más, uno más” volvieron con “Tu Geografía” para cerrar alrededor de las 00.00 con “Besos en la Espalda”.

Quizás una hora y veinte minutos para algunos puede ser poco, pero el tiempo que estuvieron sobre el escenario, los rosarinos transmitieron sus ganas de salir a tocar y compartir. La interacción no fue demasiada, pero estuvo, incluso hubo risas cómplices en un momento en el que Joaquín se confundió las playas del norte con el faro.

Los agradecimientos y el entusiasmo estuvieron presentes, y, sobre todo, la profesionalidad y un grupo que se nota sólido. Se los sintió contentos y divertidos, y lo contagiaron para dejar un clima refulgente en un sábado que, seguramente, seguía para muchos.

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