El ensamble de Música fusión africana Iroko presentó su espectáculo anoche en el Teatro Colón, en lo que fue la segunda y última función del verano en el espacio municipal. A pesar del frío, El público se acercó y deliró ante los tambores. Fotos por Bautista Prusso.

|Por Marcos Gabarain|


A un lunes tan frío le hacía falta el ardor del tambor. Justa y precisamente, Iroko fue la solución. Con una muy buena convocatoria y una puesta en escena a puro color, el grupo que germinó en la escuela de percusión africana Bembé hizo danzar y danzar.

Cerca de las 23:30, el director musical de la banda Fernando Waiman apareció a través del telón, y en la intemperie del medio escenario, se sentó a introducir el espectáculo con su N’goñi. Una nota final atravesó el aire, el telón se alzó hacia el techo del Colón y el espectáculo dio su estocada inicial con más de 15 músicos en escena.

El show no pudo estar más pulido, con cada tuerca aceitada y un cambio constante de roles que hizo del proceso algo muy dinámico y fluido. Coros, clarinetes, cambios de vestuario, máscaras, baile y texturas africanas de fondo ilustraron una y otra vez ese pulsar de tambores que proviene desde muy adentro.

Entre subidones de ritmo y el acompañamiento del público, la conexión fue orgánica. El ritmo siempre es el que te lleva, y el lenguaje es universal. Un claro ejemplo de dicha universalidad es cuando se fusionó la musica africana con el candombe.

Créanme que estoy haciendo el máximo de mis esfuerzos para describir algo que claramente hay que presenciarlo. El trance es único y sólo se palpa in situ.

El final fue algo asombroso: después de unas emotivas palabras por parte de Waiman, la última fusión de la noche incluyó a 4 bailarines folklóricos y a todos los participantes en el escenario. De repente, los tambores dieron un golpe que desembarcó en un río caudaloso de aplausos y gritos.

Promediando las 01:30 de la medianoche, todo ser que presenció a Iroko en el Teatro recibió una revitalización en la sangre, un ritmo primal que galopa como el corazón y las moléculas de aire en la tierra. Quien cree que en esta ciudad no hay propuestas diferentes, desafiantes y a pulmón, no es de mi agrado. Esto es autogestión, sudor y ambición por brindar algo especial.

Brindo por Iroko y por la Escuela de Percusión Bembé

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