Perras on the Beach volvió a nuestra ciudad y se presentó junto a Nuk Ronson en Club Tri. Los mendocinos tocaron los temas de su último EP, “Película”, y la velada estuvo cargada de sentimientos. Fotos por Makú Rodríguez.

|Por Juana Martí|


Seguramente hemos escuchado más de una vez la queja marplatense de que en nuestra ciudad no hay mucho para hacer. El sábado que pasó ofreció otro show en Club Tri para recibir esta vez a Perras on the Beach junto a Nuk Ronson, acompañados por una agradable noche de invierno.

La ciudad activa, con una agenda cultural power. No todos los sábados hay recital, y mucho menos para elegir dos en el mismo día. Babasónicos tocaba en la reapertura de GAP, nada más y nada menos. Quizás haya sido esa, una de las causas de la escasa convocatoria en Club TRI.

La segunda, que era la primera experiencia de la banda con un show apto para mayores de 18 años, según dijo el cantante, Simón Saieg, que comentó afablemente: “se siente extraño, somos jóvenes, nuestro público es joven. Es lindo, es muy lindo, nos sentimos más grandes”.

La otra opción que barajé en mi cabeza, fue el episodio que atravesó el grupo con el bajista, Bruno Beguerie. El año pasado, una joven twitteó que Bruno habría abusado de ella, y luego de que él y Camila, la novia de Simón, hablaran con la chica, se volvió a manifestar para aclarar que al final había sido “un malentendido”. El dilema quedó luego, entre muchos que creyeron que la habían manipulado, y otros que igualmente pensamos que no se manejaron de buena forma, pese a que la posibilidad de que la chica se haya confundido pudiera ser real. De no ser esta la causa principal, se por amigas que, alguna parte de la audiencia marplatense ha dejado de seguir al grupo.

Nuk Ronson puso play en su computadora a sus canciones auto producidas y empezó a cantar sobre ellas a las 21.42. Abordó sus temas electrónicos adornados de psicodelia con vehemencia, aunque con varios desperfectos técnicos. Eso llevó al público, que al principio se los veía desconcertados, a bancarlo y aplaudirlo.

Para las 22.13 terminó, y a los treinta minutos, los joviales Perras salieron al escenario para dar inicio al espectáculo con “Tuca”. Sentí enseguida una energía más baja a la que los caracteriza, o al menos a la que se vivió en el recital que dieron en agosto del año pasado, también en Club TRI. Los rasgueos los desenvolvieron con una velocidad lenta; empezaron tranquilos, lo cual no significa que haya sido un mal comienzo, menos cuando es con un estribillo que logra que la gente empiece a cantar y moverse al unísono en un suave pogo.

Siguieron con el tema que le da nombre a su último disco, “Flow de Cuyo”. Sonidos futuristas del sintetizador dan comienzo a una canción que sube y baja de ritmo entre rock y punk. Pude ver a más de uno del público cerrando los ojos para disfrutar. Repasaron otros temas de este CD, y, como siempre, transmitieron que lo más importante para ellos son los amigos, cuando junto a toda la gente entonaron en “Mis amigos II”: “no puedo estar sin mis amigos”.

Sus letras quejosas hacia problemáticas sociales siguen presentes en el último álbum, así como lo estuvieron en el primero, “Chupalapija”. Simón Poxyran dijo: “hasta que salió la gorra” y así presentó “Municipalida”, canción que se destaca por las rimas que le dio el rapero y freestyler “Wos”, y que Bruno canta con mucha fuerza: “ponen como solución la represión, generan marginación, mientras tanto los pibes sin educación”. Y remató al final: “se puede cantar y aplicar en cualquier parte porque siempre hay gente mala en todos lados”.

El desperfecto técnico que tuvo Ronson, se ve que era general, ya que también hubo uno cuando sonó “Las ideas”. Pero ellos demuestran que saben; en “Sangucci”, rotan entre ellos y cambian de instrumento para dejarlo claro. El cantante agarra la batería de Fabricio Foresto y él, la guitarra eléctrica de Ignacio Laspada, que agarra el bajo que le cede Bruno para romperla con el rap, mientras la gente salta y acompaña en el grito: “Perras on the Beach está en la casa”.

Después de ese gran momento de fuerza, comentaron algo que podía explicar la energía baja, y es que el grupo venía de estar de gira por primera vez en Ecuador y Perú. Pero Simón enardeció el club después de pedir aplausos para sus compañeros, y preparó el clima perfecto para recibir uno de los temas más queridos, “Puchos”.

Los “Perras” te llevan a través de diferentes sensaciones y emociones de la vida y la juventud, etapa de grandes preguntas existenciales. En “Futuro”: “la vida es un disfraz y la muerte es fugaz, no lo sé”, no sólo la melodía acompañó el sentimiento de manera perfecta, sino también la gente, que repitiendo esta frase varias veces, logró un armonioso fade out en vivo.

Faltaron temas favoritos del primer disco, como “Ramona”, pero dieron el clímax de la noche con “Turco X”, con un Simón que, para seguir con la interacción con su público, bajó del escenario y se acomodó entre la gente para cantar esa canción que presentó permitiéndonos llorar de tener ganas.

Y llegó el momento de su último EP, “Película”, para el que grabaron y produjeron un vídeo ellos mismos. Con unos sonidos más progresivos y una letra que no abandona lo reflexivo de sus temas, “Viaje alucinante al Centro de la Mente” se sintió imponente y logró el deleite del encuentro.

El final del show llegó alrededor de las 23.50 con “Pesadilla”, canción poderosa, que invita a aprender a valorar y a abrir los ojos: “están pasando cosas allá afuera que son feas, y vos seguís pensando que tu vida es una mierda”.

Cuando se despidieron sentí que había sido poco tiempo, pero, mientras termino de escribir, noto que en una hora pueden pasar muchas cosas. También pienso ahora en los cinco mendocinos, y, teniendo en cuenta su temprana edad, y su incipiente éxito, puede que estén en una transición, y que su “energía baja”, sea por tratar de pararse desde una actitud que pocos “rockeros” han tenido, la de una observadora y más consciente. O quizás, sólo es el anhelo de que así sea.

Los esperaremos de nuevo para disfrutar otro encuentro. La música otra vez me demuestra que, un buen recital no se mide por tiempo, y que, el arte puede ser profesional, pero, sobre todo, es sentimiento.

 

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