El segundo volumen del festival marplatense ofreció al público un line up con indie, pop y punk. A continuación repasamos lo destacado de la jornada.


Diasol

Aportaron la dosis punk de la fecha. Tocaron, tan descontracturados como siempre, un set muy bueno: preciso y equilibrado en partes iguales de melancolía y diversión. Fueron la banda que mejor sonó, por lejos. Se presentaron en formato cuarteto, con un baterista improvisado, por la imposibilidad de su miembro original, y con el cantautor Salomar como segundo guitarrista. A pesar de eso, su show fue impecable, como si hubiesen tocado siempre juntos.

Lizar

El cuarteto no falla con su propuesta post-punk de alma grunge. Arrancaron con el volumen bajo de las guitarras, cuestión que estaba solucionada para el tercer tema. Con momentos llenos de melodía, y tantos otros de rabia guitarrera y distorsión, ofrecieron una performance estupenda. El público aprovechó la ya cerrada noche para soltar el cuerpo con su música.

La otra cara de la nada

Una de las dos bandas que más expectativas generaba a priori. Desde Misiones llegaron estos cuatro muchachos con su indie tan novedoso como convencional a la vez. Sus canciones suenan bien, la voz del bajista cuaja perfecto en su música y las dos guitarras deslizan arreglos que parecen sacados de otros géneros. Su primera aparición por estas latitudes fue sobresaliente. Ya estamos esperando su regreso.

Foto de Chiara Girimonti

Bosque distópico

Guiados por el dream pop, el cuarteto nos sumergió en su propia atmósfera de delays y suavidad, aunque tuvieron sus momentos de pisar el fuzz y subir los decibeles. Son muy prolijos a la hora de interpretar sus canciones. Redondearon una buena presentación, a pesar de que no se los vio del todo cómodos arriba del escenario.

Las ligas menores

El plato fuerte del festival saltó a escena pasadas las 23. Influenciados por el gusto de la banda y el frío nocturno, el público se concentró más cerca del escenario que nunca. Estuvo complicado el sonido: primero estaba baja la guitarra de Pablo Kemper, después no se escuchaba la voz de María Zamtlejfer. Si bien se fue acomodando con el correr de las canciones, la banda se mostró fastidiosa. Esto no opacó la alegría de les oyentes, quienes saltaban, cantaban y gritaban sus canciones, supliendo cualquier merma en la amplificación.

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