Eterna Inocencia, Cadena Perpetua y Loquero se presentaron el viernes en Gap junto a los locales de Triste Realidad. Un show plagado de emociones que quedará para la posteridad de esta ciudad. Fotos analógicas de Seba Pogo.

|Por Makú Rodríguez|


Creo que fue la fecha soñada. En el momento que la anunciaron, me costó creer semejante grilla. Eterna Inocencia, Cadena Perpetua y Loquero. Sé que más de un seguidor no-marplatense de estas bandas sintió envidia de todos los que residimos en Mar del Plata. Personalmente, la emoción fue grandísima cuando me enteré de semejante evento. Más que nada por el amor que siento por las tres bandas que se encargaron de detonar Gap el viernes pasado.

La ansiedad me duró un mes. Las tres bandas no visitaban la ciudad hace un tiempo y eso intensificó las ansias de que llegara la fecha. En realidad, tampoco fue mucho tiempo. Eterna Inocencia visitó Mar del Plata hace cuatro años, mientras que Loquero no tocaba acá desde el año pasado. Cadena Perpetua, por su parte, estuvo en el verano en Miramar, pero no pasaron por Mar del Plata.

Tanto Cadena Perpetua como Eterna Inocencia, poseen un gran caudal de público en nuestra ciudad. Si bien suena redundante decir que Mar del Plata es una ciudad donde el punk mueve mucho, ambas bandas son milenarias dentro de nuestra ciudad, más que nada Cadena Perpetua que nos visitan al menos una o dos veces por año. Loquero, por su parte, tiene a favor la localía. En columnas pasadas, resalté el sentido de pertenencia que genera la banda comandada por Chary. El hecho de ser autóctonos de esta ciudad, generó otro clima en el público. Como bien se dice en el ámbito futbolero, Loquero hizo pesar la localía.

Ahora bien, finalmente el día tan esperado llegó. Días antes de la fecha del recital me enteré que desde Capital y alrededores iban a salir micros con seguidores de Eterna Inocencia y Cadena Perpetua para venir a la ciudad a ver el show. Eso me pareció un condimento extra y muy interesante. Sobre todo, porque eso indicaría una linda mezcla de público y, lógicamente, mayor cantidad de espectadores colmando Gap y sus inmediaciones.

Opté por el ritual de todos los recitales. Aquel viernes desperté ansioso y no supe qué hacer durante el día para que el reloj pasara volando y, en un abrir y cerrar de ojos, encontrarme dentro de Gap disfrutando del show. Rondé los cuatro termos de mate en una tarde. A eso de las 18:00 pasé a buscar a mi compinche de recitales para que la ansiedad disminuyera y no sufrir tanto la espera. Frenamos en un supermercado, compramos algunas latas de cerveza y nos dirigimos hacia su morada para poner unos temas e ir calentando los motores.

La manija nos fulminó a ambos y a eso de las 19:00 encaramos hacia Gap. Las latas que íbamos a tomar en su casa fueron bebidas en el camino, para llegar bien entonados y alegres a la velada. Desde muy temprano, la gente fue llegando a las inmediaciones del recinto para no perderse ni un sólo momento de toda esta suerte de ritual.

Entramos para las últimas canciones de Triste Realidad. La banda marplatense cuenta con un amplio recorrido dentro de la escena punk marplatense. No es la primera vez que se ponen al hombro el inicio de una jornada épica. Ya han compartido escenario con bandas de renombre como Dos Minutos, Cadena Perpetua y, nada más ni nada menos que Marky Ramone. Su set fue lo justo y necesario para darle inicio a la noche.

En tiempos de recitales era muy temprano, pero Gap estaba lleno. Se vivía un buen clima y la cerveza cotizaba como oro. Personalmente, el nivel de alcohol que corría por mi sangre era el justo y necesario para estar tranquilo y riéndome un poco con mis amigos. Fue una fecha plagada por reencuentros. Lógicamente cuando uno va a un recital siente una hermandad bastante grande. Ese era el aire que se respiraba. Muchas caras conocidas entre la gente y muchas ganas de pasarla bien. Me llevé la grata sorpresa de encontrarme con un viejo profesor de la facultad y compartir una lata de cerveza con él. Un granito de arena más para el anecdotario recitalero.

Finalizado el set de Triste Realidad, fue el turno de Loquero. Nuevamente vuelvo a hacer hincapié en que no los veía hace un largo tiempo, así que mis ganas de verlos arriba del escenario eran inmensas. Salieron a escena y, desde el comienzo del recital hasta el final, la gente activo un pogo demencial digno para el recuerdo. La lista de Loquero estuvo repleta de clásicos y de himnos. Hicieron un amplio recorrido por toda su discografía y contaron con invitados de lujo.

Ver a Loquero en Mar del Plata es muy especial. Sobre todo por el sentido de pertenencia que me generan sus canciones y la banda en sí. De hecho, haciendo una minuciosa observación, me di cuenta que hubo un sector ortodoxo del público que fue únicamente a disfrutar el show de Loquero. Así como en el primer tema la gente se ocupó de darle inicio al pogo demencial, lógicamente no pudo faltar el mosh salvaje. Las costumbres recitaleras siempre presentes para picantear el asunto.

La presentación de Loquero la viví con mucha euforia y cantidades industriales de sudor en mi cuerpo y en mi ropa. Las latas de birra comenzaron a surtir efecto en mi ser y llegó la primera caída al piso de la noche. Inmediatamente me levantaron y continué con la danza tribal. El pogo estuvo áspero, con algunos destellos de violencia emocional, pero por suerte hay ciertos contratos didácticos que no se rompen. Estamos todos en la misma, por consiguiente, el pogo mal intencionado no tiene lugar.

La lista de temas estuvo integrada en su mayoría por canciones de Club de Solos y Fantasy. Como es costumbre en los recitales de Loquero, la lista fue muy hitera y la gente se cantó los temas de principio a fin. Para sorpresa de muchos, al momento de tocar la canción «Ghost in the FORA», subió al escenario Guille Mármol, cantante de Eterna Inocencia, para acompañar a Chary en la voz de dicho tema. Momento emotivo y de gran impacto, ya que tanto Guille como Chary, representan una parte fundamental dentro de la cultura hardcore punk en Argentina.

Otro de los invitados de la noche fue Marcelo Sacco, ex cantante de Mal de Parkinson. La presencia de esta eminencia del punk marplatense arriba del escenario, trajo consigo muchísima emoción en los presentes y le otorgo el golpe épico al show de Loquero. Además de todo esto, fue en ese momento que tuvo lugar mi tragedia personal.

Paradójicamente, Sacco subió a cantar «Golpe Bajo». Fue en ese momento que sufrí un golpazo. Sí, un pequeño accidente en el mosh que me dejó momentáneamente en la enfermería de Gap. Siempre digo que hay que darlo todo en los recitales y que las heridas de guerra son como medallas. En síntesis, mi cabeza impactó contra el vallado y la inercia del golpe generó que también me sangrara la nariz. Por suerte, nada grave. El enfermero me aconsejó que no volviera al pogo pero, lógicamente, no le hice caso.

El show de Loquero estuvo plasmado por grandes momentos, tanto abajo como arriba del escenario. Invitados de lujo y una lista hermosa que me hizo socavar en los confines de mi corazón y mi cabeza. «Épico», «Rusita», «Golpe Bajo», «Ghost in the FORA», «Youngs», «Guardame», «Frío», entre otros, fueron los puntos más altos de la presentación de Chary y compañía.

Era tiempo de un respiro. El golpe me había dejado medio tonto, pero estaba lúcido, no quería perderme nada de la fecha y no iba a permitir que un accidente me arruinara todo. Me dije a mí mismo que me iba a calmar y que no iba a beber más alcohol. Fue difícil, ya que todas las personas con que me encontraba tenían una lata en mano. En fin, había terminado Loquero, así que poseía unos minutos para recargar energías y continuar pogueando demencialmente junto a Cadena Perpetua y Eterna Inocencia.

Cadena Perpetua es una banda que sigo hace muchísimos años. Diez para ser exactos. La banda que más veces vi en vivo. Una de esas bandas que, si bien me gusta mucho, las voy a ver por inercia, como si fuera un equipo de fútbol al que vas a ver a la cancha en las buenas y en las malas.

El mítico trío punk (a veces devenido en cuarteto con una guitarra de apoyo desde atrás del escenario) salió a escena y me dio la sensación de que hubo una especie de recambio en el público. Como mencioné párrafos atrás, sentí una especie de ortodoxia en un gran sector del público. Aún así, eso no importó. Había muchísima gente concentrada adelante de todo para el show de Cadena Perpetua.

El pequeño descanso entre Loquero y Cadena Perpetua me sirvió. Me giraron algunos papelitos para revolear al aire cuando saliera Cadena a escena y recibirlos como a un equipo de fútbol. Así fue. Abrieron su repertorio con la canción «Violencia» y una lluvia de papelitos y serpentinas dijo presente en Gap.

El set de Cadena Perpetua fue muy prolijo. Arriba del escenario El Vala, Edu y el Chino se desempeñan con mucha soltura y eficacia. Cada vez que vienen a Mar del Plata suelen repetir la misma lista, algo que a mí particularmente ya ni me molesta. Están tan grabados a fuego en mi corazón que les perdono todo. La gente respondió de inmediato y al igual que con Loquero, encendió la mecha del pogo y el mosh para que el público se prendiera fuego.

La lista estuvo repleta de clásicos como «Panorama», «Te Quiero Mal», «Fiel Soledad», «Que Mundo» y «Buscando Salidas». No dejé pasar la oportunidad para moshear el máximo posible. Los días posteriores al recital recibí varios mensajes de personas que se habían entretenido con mi performance de mosh y demencia. Y sí, a veces uno nunca deja de ser un adolescente, más que nada en situaciones como ésta.

Cadena Perpetua es una banda que se caracteriza por no hablar mucho arriba del escenario. Se limitan a un «gracias» y a un simple «muy contentos de estar acá». Independientemente de todo eso, dan un show increíble. Luego de casi una hora y media de pogo y mosh absoluto, Cadena Perpetua finalizó su repertorio con «Sigo Acá», un himno cadenero, emotivo y bien arriba.

Una vez finalizado el set de Cadena, era momento de otra espera. La gente no se notaba cansada. Las ganas de seguir adelante se notaban. Una vez más, aproveché el intervalo para seguir descansando e ir al baño para mojarme un poco la cara. La pequeña herida en la ceja producto del golpe que tuve viendo a Loquero se veía bien. No me sangraba ni nada. Por las dudas me empapé la cara con agua y volví a la superficie para esperar por Eterna Inocencia.

Cuando hablo de Eterna Inocencia siempre recuerdo un recital de ellos en el viejo Casa Rock. Verano de 2014. Metieron dos fechas seguidas, ambas agotadas. Pocas veces en mi vida sentí tanto calor en un recital. Salvajísmo puro y dos listas casi diferentes en cada uno de los días. Pilas interminables de mosh y muchísimo sudor veraniego. Esa fue la primera vez que los vi en la ciudad y, hasta el momento, sigue siendo la mejor. Más que nada por el contexto y porque hicieron un recorrido amplísimo por su trayectoria. Hacía tanto calor aquel día que tuvieron que cortar la luz para que la gente saliera a la calle a respirar un poco porque realmente fue una situación muy extrema.

Estructuralmente Gap es mucho más grande que Casa Rock, así que era sabido que el clima iba a ser distinto. Gap es más amplio y, a su vez, más cómodo para un recital de semejante magnitud. Aunque pensándolo bien, Eterna Inocencia es una banda que todavía mantiene la esencia de los lugares pequeños. Y eso se notó.

El repertorio de EI fue emotivo desde un principio. Dieron inicio a la velada con «Abrazo» y automáticamente la gente se descontroló. La única ¿crítica? que puedo hacer hacia la banda es que dejaron de lado los temas más viejos. Hicieron algunas excepciones y tocaron «A los que se han apagado», «América», «Cuando Pasan las madrugadas» y «Le pertenezco a tus ojos»todos pertenecientes al disco A los que se han apagado del año 2001. Más que nada hicieron hincapié en canciones de sus últimos cuatro discos.

En el público se notaba que no nos visitaban hace mucho tiempo. Como dije al principio de la crónica, la última vez que se presentó Eterna Inocencia en Mar del Plata fue en enero de 2015 en Abbey Road. Me atrevo a decir que fue una de las bandas más esperadas en este último tiempo.

La gente volaba por encima de la valla y adelante de todo era un festival de patadas al aire. El agite en Eterna Inocencia fue demencial. Al igual que en la memorable fecha de Casa Rock, las pilas interminables de mosh estuvieron presentes, al igual que el pogo salvaje. A diferencia del resto de las bandas, Guille (cantante de Eterna Inocencia) habla mucho. Siempre aprovecha algún intervalo entre canción y canción para decir algunas palabras. No son palabras vanas. Generalmente siempre utiliza el escenario como un espacio de reflexión y comparte sus pensamientos con la gente. Más allá del protocolo y la muletilla usual de decir «estamos muy agradecidos de estar acá» Guille no se queda sólo con eso.

Luego de un poco más de hora y media de show, finalizaron la jornada con «Puente de Piedra» y «Nuestras Fronteras».Este último mencionado es uno de los himnos más reconocidos de la banda. Una de las piezas más emotivas que posee Eterna Inocencia. La presentación de EI se sintetiza en la emoción y la espera de tantos años por tenerlos otra vez en Mar del Plata.

Finalizamos exhaustos. Se encendieron las luces y respiré un poco. Era demasiada energía dentro de mi cuerpo golpeado y repleto de sudor (propio y ajeno). Volví al baño a verme la cara para ver si estaba todo en orden. Me senté un rato a descansar y a procesar todo lo que había vivido. Fue un recital hermoso, realmente. Me saqué las ganas de ver a tres de mis bandas predilectas en una misma jornada. La gente deshabitó Gap rápidamente y no quedó más remedio que salir a la realidad. El golpe de temperatura fue fuertísimo. Adentro era verano, pero afuera era invierno. Llegué a mi casa y estaba todo en silencio. Observé con detenimiento mi rostro y estaba destrozado. La ceja me sangraba y tenía un raspón bastante grande en mi mejilla. El recital del viernes pasado fue como entrar en una cápsula de emociones. Un paréntesis de varias horas que quedará en la memoria de muchos.

La lista de Eterna Inocencia.

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