La banda marplatense lanzó Lo que queda en la memoria, su cuarto y último trabajo discográfico. Hablaremos bien pegados al sentimiento, empapados de carga emotiva, como toda despedida. Con las disculpas debidas por la atmósfera lacrimógena, invitamos a hundirnos en estos fugaces siete minutos de adrenalina.

| Por Federico Velásquez |


Desde finales de 2014 que no teníamos estrenos de Fiura. En aquel entonces estrenaban Séptimo Pensamiento, un álbum instrumental que presentaba en su punto más brillante de ejecución a cada integrante de la banda. El silencio prolongado —causa de la distancia geográfica, producto de la migración de gran parte del conjunto— se vio interrumpido momentáneamente cuando, durante el año pasado, una visita a la ciudad volvió a juntar a las cuatro partes.

Con tres ideas bastante armadas que quedaron fuera del último disco, se propusieron retomarlas y grabarlas para dar un cierre oficial al ciclo Fiura. Casi una figura poética, un gesto de puro romanticismo: sí, dejamos de cantar hace rato pero no estamos en silencio, carajo. Y con esa impronta y furia —no es el tonto juego de palabras con su nombre, o tal vez sí— nos acarician rasposamente la piel, como una hoja que pellizca la yema del dedo gordo al comprobar su filo.

 

Y ya se encendió la verborragia. Es que suena “XXI”, mucho math rock y melodías cantables que elevan los niveles de estimulación. Cada quien tendrá su reacción ante la música: hay quienes cerrarán los ojos, hay quienes se pondrán eufóricxs, otres harán cuentas para identificar los patrones rítmicos —cof, cof—. Todo es válido.

“Raido” se desarrolla más en el cuelgue sonoro de acordes abiertos y tendientes al post-rock. O como definió el amigo Makú en su columna de Revisionismo hace poco menos de un año: “post-algo”. En su artículo propone esta etiqueta para el disco Las ideas del caminante, pero yo pediré las palabras prestadas –me las apropiaré– para aplicarlas a este track y a la banda toda. Porque rock hay, está claro, pero… ¿sólo rock hay? En lo abarcativo e indefinible de su música, coincidimos con Makú, radica mucho del disfrute y complejidad tan únicos de Fiura.

Para concluir aparece “Vértigo”, la canción que se define desde su título por el frenesí en la variación de acordes. Siempre hay lugar, sin embargo, para esos fraseos nostálgicos en alguna viola. Fiura gusta de eso, sabe incluirlos en sus composiciones, y ese contraste con los pasajes más eléctricos crean una de las características más distinguibles de la banda.

Eso es todo, lo habíamos anticipado. Una despedida rápida, breve; no vaya a ser cosa que rompamos en llanto. Así y todo es un abrazo cálido y sanador. Son tres canciones con su inconfundible sello, ese que nos eriza la piel con el excelso binomio de guitarras y una de las más destacadas secciones rítmicas del under. Para completar el disfrute, el estreno vino acompañado de videos de Sebastián Mangini que registran la grabación —toma directa— y nos hacen más vívida y cercana la experiencia.

Adiós Fiura. Gracias por este convite final que hace minúsculas las distancias kilométricas. Desde este lado seguiremos reproduciendo sus canciones, cantando aquellas más viejas y disfrutando con todo el cuerpo las más recientes.

Lo escuchás y descargás acá: Lo que queda en la memoria by Fiura

Comentarios de Facebook