Las últimas entradas de esta sección se han volcado, casi sin pensarlo, por el lado más extremo de la música marplatense y esta oportunidad no será la excepción. Vamos a desglosar la escucha de Sudestada, lo último de la banda hardcore Estandar. Intentaremos ser concisos y así amoldarnos a lo que pide la música: velocidad, firmeza y contundencia.

| Por Federico Velásquez |


Laburado desde el 2016, Sudestada recién vio la luz a principios de este 2020, cuando las temperaturas resultaban todavía agradables en el ocaso del verano y la vida era como creíamos que sería siempre. De este proceso de producción participaron Federico Barreto, Luz Peralta y Alex Benedetti quien, además de tocar la batería en Estandar, es el gurú de El Búnker —sala y estudio donde se grabaron y mezclaron las canciones—.

La inauguración está a cargo de “Sobre las ruinas” con el tacho y las guitarras al compás de un tempo acelerado. La banda suena ajustada y la actitud es innegociable desde el primer momento. Los golpes de bombo parecen un trote galopado, las cuerdas suenan filosas en cada ataque y la voz pasa al frente en cada cercanía al micrófono.

Las canciones se suceden rápidamente en una seguidilla irrefrenable que se envalentona cada vez más. Esto es favorecido por la duración de los temas: cada cual promedia poco más o poco menos de dos minutos. Cuando queremos darnos cuenta, se nos pasaron las once canciones, aunque no sin dejar rastros: el pulso está acelerado y la respiración agitada se prolonga por un instante.

La impronta lírica tiene mucho peso en Sudestada. El disco se erige entero como un grito combativo, un grito de animal cansado y abatido que encuentra su fortaleza más grata en las innumerables situaciones de desventaja e injusticia. Acá es donde recae uno de los puntos más loables de la placa: en tiempos de tanta apatía y tibieza, encontrar un mensaje posicionado, claro y consecuente es muy destacable.

No se trata de una escritura extravagante, sino que saca provecho de la simpleza y de la apelación directa al oyente sin intermediarios. Roman Beramendi pudre su voz y parece estar gritándote al oído, o mirándote a los ojos, atento a que escuches lo que tiene para decir. La contundencia interpretativa es uno de los mayores logros del trabajo y también se traslada a las voces invitadas de Joni Paz, en “Hacé la tuya”, y El Parietti, en “Está en la gente”.

El atributo de palo y a la bolsa propio del hardcore está presente en Sudestada, pero no circunscribe ni limita las posibilidades de la banda. Estandar hace de esta característica su máxima virtud al ampliar las fronteras y expandir su territorio abarcando sonidos propios de otras aristas del punk y el metal —el thrash es quizás lo más evidente—.

En poco más de veinte minutos, la banda se despacha con un trabajo sólido y cálido que nos sumerge imaginariamente en un mosh nostálgico de tiempos no tan pasados. Es probable que nuestras cervicales se resientan luego de la reproducción, pero se trata sólo de un pequeño dolor catártico para darnos cuenta qué nos mueve la música adentro. Y Estandar hace agitar la cabeza, ahogar un grito y zapatear en el piso: es parte del disfrute.

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