Último revisionismo del 2020. Último revisionismo de este año tan raro. Hoy cambio la consigna y no me centro en un disco sólo. Escribo desde el corazón, como siempre, para rendirle tributo a todas las bandas que pasaron por mi paladar en este 2020.

|Por Makú Rodríguez|


No sé ni por dónde empezar para describir al 2020. Las sensaciones son raras, diría que hasta distópicas y antagónicas. Es cierto que a todos nos golpeó y quedamos tendidos en el piso del ring de la vida. Un nocaut en el tercer round que desplomó todo lo planeado. Personalmente, en un principio, lo tomé como algo loco y pasajero. De movida cuando comenzó todo esto, tuvimos que suspender un evento planeado para mediados de marzo. No nos imaginábamos que sería tan grave. Es algo anecdótico que sirve para ilustrar el contexto de aquellos días pre pandémicos.

Me parecía una experiencia interesante atravesar el encierro. De más está decir que escribo esto desde el confort de mi casa y, gracias a eso, puedo decir que en ciertos momentos del aislamiento la pasé bien y estuve tranquilo. Y acá es dónde radica lo antagónico del confinamiento. Si bien no podíamos salir a cubrir recitales, ni organizar movidas como estábamos acostumbrados, todo esto sirvió para redescubrirse. De mi parte empleé el tiempo en mejorar mi escritura y ampliar aún más mis horizontes musicales. Leí, vi muchos documentales y mejoré en la cocina.

Andrés de Osamentah. Foto de Bruno Schreiend.

Por eso creo que estuvo bueno, o al menos, no dejo que lo negativo tape lo positivo. Aun así, fue todo muy extraño. Mucha incertidumbre. De momentos no sabíamos hacia dónde salir disparados. De hecho, quienes sean fieles seguidores de Duias, se habrán dado cuenta que los dos primeros meses de encierro hicimos un parate sepulcral. Por un lado estuvo bien, ya que no había mucha motivación que digamos. Al menos a mí, me cortaron las piernas. Si bien la columna de revisionismo fue retomada en abril (luego de tres meses de ausencia), una de las cosas que más disfrutaba, a nivel periodístico y humano, era ir a cubrir recitales. Eso sinceramente me aniquiló y me dejó como un gatito cuando le cortan los bigotes.

Igualmente nunca dejé de escribir. Me mantuve entrenado escribiéndole a la cotidianeidad. Eso realmente me salvó. A mediados de abril, Marcos me envió un mensaje para retomar el revisionismo. Tenía todo el sentido del mundo. Desde enero que no se activaba la columna. Así que me calcé los botines y salí a la cancha nuevamente.

Miércoles Violeta

Esta es la última de este año tan raro, complicado y confuso. Así que no me quise centrar en un disco en particular. Voy a hablar de todos. Y de todo, por supuesto. La primera columna de revisionismo después del parate pandémico fue escrita en casa sin un alma en la calle. Abril fue un mes duro del encierro. Me atrevo a decir que fue el momento en el que muchos pensamos que esto duraría para siempre (bueno, no para siempre, pero sí que iba a durar mucho tiempo).

La música fue el salvataje que necesitaba para no aburrirme y para que el encierro no golpeara tanto. Según mi Spotify este año pasé 71 mil minutos escuchando música, estimo que toda esta situación habrá influido directamente. Fue un año de descubrimientos y de re-descubrimientos. Se podría decir que absorbí música como una esponja.

Desterrando Héroes. QQ mosh. Foto de Brenda Magalí

Hoy por hoy el panorama es distinto. Si bien el virus todavía pulula por las calles, la gente trata de volver a la normalidad lentamente. Me asomo por la ventana y veo movimiento de acá para allá, autos, bicicletas, motos. Pareciera que estamos en el final del túnel, pero ese análisis no me corresponde en esta columna.

Volví a revisionar en abril con Oppressive Structure de Osamentah. Era abril y el presente era desolador. Así que opté por volver al ruedo con una joyita del grindcore marplatense. Una banda que me encanta y que afortunadamente pude ver un montón de veces en vivo. A mi gusto, Osamentah es una banda fundamental para comprender el sonido crudo y veloz de nuestra amada Mar del Plata. Pero antes de eso, en enero, luego del parate veraniego desglosé Dormir con el ruido de la lluvia de Luzparis. A mí gusto, una de las mejores placas de la banda. La antesala de lo que fueron sus otros discos, joyas invaluables de la ciudad.

 

En mayo el paladar se me fue para el lado del tecnicismo, más precisamente, el metalcore. Endless Fear lanzó en 2014 Hacia Nuevos Puertos, un Ep terrible que sangra metalcore por todos lados. Pasó algo curioso con esa nota: todos los chicos de la banda me agradecieron la onda y no la podían creer. De hecho, semanas después (o meses, no recuerdo) anunciaron la salida de nuevo material. La columna revisionista también se encargó de revivir viejos proyectos. Además me sirvió para adentrarme en la escena metalcore de Mar del Plata, donde conocí viejas joyas como Cursing Your Remains, por ejemplo.

La siguiente columna fue para Muda y su disco Viajeamarte. Desconocía la existencia de esa banda. Me recomendaron su disco y me gustó muchísimo. Un sonido prolijo y potente. Con buenas melodías y letras divinas. Un grupo que duró poco tiempo, lamentablemente.

 

En base a aquella recomendación de Alex Benedetti, traté de seguir por ese lado. Y como si fuera una suerte de devolución de gentileza, la siguiente columna fue dedicada a Makon y su Ep Makondeath’s, banda en la cual Alex se desempeñaba como baterista. Un Ep que me voló la mente. El sonido característico de marplafornia. Velocidad, octavas y melodías celestiales. Benedetti siempre me decía: “Escuchá Makon”. De hecho, hasta fui testigo de su intento de reunirlos. Lamentablemente la reunión no tuvo éxito, pero afortunadamente dejaron este Ep para deleitarnos de acá a la eternidad.

 

Después de aquel trabajo de laboratorio, me tomé un mes para descansar, por decir de alguna manera. Me estaba mudando, así que todas mis energías fueron depositadas en eso. No tenía tiempo ni para sentarme a escribir. Gajes del oficio. Igualmente, no reniego de eso, fue una linda experiencia mudarme lejos de la ciudad, al menos por un tiempito.

Recargué las pilas y volví con todo. Radha de Miércoles Violeta fue uno de los discos que más me gustó desglosar. Un discazo con todas las letras y una deuda pendiente conmigo mismo. Personalmente creo que Radha es un disco que no hay que dejar morir en el tiempo. Además, fue el punta pie inicial para músicos marplatenses que hoy se desempeñan como solistas (saludos para Agustín Baldoni y Seba Toyos, principalmente).

 

Finalmente, el último revisionismo específico del año fue dedicado a Desterrando Héroes. Necesitaba darle un lugar a una de las últimas grandes bandas de la escena Hardcore Punk de Mar del Plata. Sirvió además para rememorar viejas épocas de mosh y demencia pura.

Esto no es una suerte de podio ni nada por el estilo. Todos los discos que pasaron por degustación (no sólo este año, sino siempre) son placas increíbles. Creo haber cumplido con mi misión revisionista. El mensaje siempre fue claro: respetar nuestra historia y enaltecerla. Sentir orgullo por la calidad humana y musical de nuestra escena. No importa el género. Sea punk, heavy metal, hardcore, indie, experimental o lo que sea. La música es música. Y no hay nada más lindo que ser conscientes de que dentro de nuestra ciudad siempre existieron bandas a la altura de cualquier grupo consagrado.

Habiendo dicho esto, hoy doy por concluida mi misión de revisionar y defender a muerte a nuestros artistas. En realidad, esta misión no termina nunca. Siempre seré soldado y devoto de la música marplanauta. Espero que sigan ahí para cuando vuelva, sea con este objetivo o con otro. La idea es seguir reinventándose y nunca parar. Nunca detenerse y hacer las cosas por y con amor. Porque ese es el motor de nuestras vidas. Salgo embarrado de la cancha por haber ido a barrer todas las bochas y por haber cabeceado todos los centros de la escena musical marplatense.

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