Semana tras semana vamos sumando material al archivo revisionista. Hoy es el turno del LP homónimo de Muerte del Romance.

|Por Makú Rodríguez|


Hace tan sólo unas semanas en Duias Radio Show, hicimos un relevamiento de datos, como todos los miércoles. La consigna era sobre qué banda te gustaría volver a ver en actividad. Lógicamente las respuestas fueron muchísimas y variadas, pero hubo patrones que se repitieron más de una vez.

Y ya que estoy siendo bastante autorreferencial, en columnas pasadas resalté la importancia de dejar una huella en la movida marplatense. ¿Cómo se deja esta huella? Puede ser de muchas maneras: grabando un disco memorable, marcar a fuego una corriente o movimiento especializado de música, que la gente recuerde presentaciones salvajes y cargadas de emoción, o simplemente, ser una banda única y rara dentro de nuestra ciudad.

Considero que la banda de la que vamos a hablar hoy posee muchas de las características mencionadas para ser recordada. Como dije en el primer párrafo, en uno de los tantos relevamientos de datos que hicimos desde Duias, Muerte del Romance es una banda que se extraña en vivo. Uno de los patrones que se repitió más de una vez en aquella encuesta nostálgica acerca de qué banda te gustaría volver a ver arriba de los escenarios. Desde mi punto de vista, un grupo único y extraño desde donde se lo analice.

Particularmente siempre me llamó la atención la manera en la que estaba compuesta la banda. Batería, teclado y guitarra y voz. Un esquema táctico que automáticamente llama la atención de cualquiera. Más que nada teniendo en cuenta los cánones que se llevan dentro de la música, si bien hoy por hoy todo vale en ese mundo. Aunque si lo pensamos por el mundillo que nos rodea en esta ciudad, no deja de ser una rareza divina, digna de ser tomada en serio y que automáticamente te hace prestar atención a lo que estás viendo.

Las influencias de Muerte del Romance son muchísimas. Desde la obra literaria de Charles Bukoswki, hasta las reverbs celestiales. Desde Pescado Rabioso hasta The Doors. A gran escala, podemos decir que es una banda bien marcada por la oleada rockera de la década de los 60’s/70’s. Un grupo que por momentos nos hace divagar en un abismo de desenfreno y locura, aunque tampoco tienen problema de llevarnos por un páramo desolado y relajado, en el que nos encontramos sumidos dentro de una zona de confort supremo. De movida son más que interesantes los climas creados en la fusión de la voz y la guitarra. Por momentos stoner, por momentos doom, por momentos fuzz. Y si hablamos de estos componentes, es imposible pasar por alto a Black Sabbath. Los climas de oscuridad y humo musical (humo en el buen sentido), se asemejan muchísimo a la escuela de Tony Iommi y Ozzy Osbourne.

Foto sacada de su página de Facebook

El LP de Muerte del Romance es una joya. Arranco con este halago porque me sirve como disparador para comenzar a desglosarlo de a poco. De por sí la atmósfera que crea es más que interesante y bien podría haber sido un disco aclamado por la crítica especializada. Si bien no soy partidario del “hubiera sido”, me parece bueno resaltarlo como para que la gente sepa que es un excelente disco.

Muerte del Romance llama la atención desde su sonido, hasta por su formación y hasta por la portada de su álbum. En lo que concierne al disco en general, ninguna canción dura menos de cuatro minutos. Eso ya marca un estilo de composición y de “cuelgue”, por decir de alguna manera.

Las primeras veces que vi a Muerte del Romance en vivo, los encasillé dentro del género stoner. Quizás porque aparecieron en una época de mi vida en la que estaba muy supeditado al sonido de Kyuss, Brant Bjork, Los Natas y Fu Manchu. A grandes rasgos se puede decir que lo es, aunque si vamos al hueso, tienen muchos componentes de la psicodelia, del fuzz y de varios efectos en sus canciones que le dan un tinte de modernidad.

Recuerdo verlos en Zwan y que mi vida se convirtiera en un paréntesis de una hora. Ojos cerrados, vaso en mano y mi cabeza moviéndose al ritmo de la batería y los riffs ecléticos de la guitarra de Luchy. Últimamente no me ocurre, pero por aquellos tiempos en los que aún existía Muerte del Romance, me costaba mucho engancharme al 100% con una banda en vivo. Sí, lo apreciaba, me gustaba, todo, pero si no había pogo o algo por el estilo, quizá no la pasaba bien. Con ellos no me pasó. Como bien dije más arriba, estaba dentro de un paréntesis, metido en un viaje a través de ondas sonoras.

Ahora sí, yendo puntualmente al LP, está compuesto por siete canciones. No es un disco corto, para nada. Todas las canciones son largas. Los títulos de las canciones están muy bien puestos. Todos representan a la perfección el contenido que hay dentro de ellas. El disco comienza con Un Infierno. Quizás tenga uno de mis riffs de guitarra preferidos del disco. La base de batería setentosa, al mejor estilo Sabbath es uno de los componentes que más me gustan del disco en general. Y ni hablar del teclado, sacado de las mismísimas venas de The Doors.

Luego siguen Monta el Rayo y El Gigante Dormido, este último demuestra pesadez hasta calmarse y transformarse en una suerte de recitado. A la mitad del disco llega Del Río el tema más largo y más turbulento del disco. Entrando a la segunda mitad, es el momento de Benny Blanco. Esta canción puede ser una de las melodías menos oscuras del LP. A lo largo del disco Luciano muestra un estilo particular para cantar que le otorga un rasgo característico a Muerte del Romance.

Tormenta del Nilo y Elefantes son los últimos dos temas del disco. El solo de teclado de Tormenta del Nilo directamente es bailable, no hay rótulos. Elefantes, la pieza que cierra el disco, dura casi ocho minutos y resume a la perfección toda la onda del LP. Climas cambiantes, que van desde lo pesado hasta lo tranquilo y una voz cargada de efectos.

Oscilando entre la oscuridad y la turbulencia, el LP de Muerte del Romance es una joya diferente dentro de la música de Mar del Plata. Desde el aspecto compositivo, hasta el género musical. De momento se encuentran en las sombras, pero por suerte tenemos su disco homónimo para continuar viajando en lo más profundo del mar musical marplatense.

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