Después de un largo tiempo de ausencia, la columna revisionista retorna al plano de Duias Music con un disco que lleva mucho tiempo dentro de mi carpeta de material para degustar. Radha de Miércoles Violeta es el dije musical elegido para el día de hoy. Fotos por Itatí Berardo.

|Por Makú Rodríguez|


Fueron dos meses pululando en los recovecos más profundos de la introspección. Atravesé pantanosos caminos y me choqué contra un muro gigante que me hizo dar cuenta de un montón de cosas. Decido comenzar así esta columna para dar un motivo por el cual me ausenté durante estas ocho semanas turbulentas. Quizá no viene al caso ahondar en las cosas que me sucedieron, pero como siempre digo, la columna de revisionismo es también una suerte de diario íntimo, donde decido volcar, fantasmalmente, mis sentimientos y las cosas que me suceden.

Porque además todo tiene que ver con todo. Indefectiblemente los estados de ánimo se dejan entrever en mis palabras, mis escritos y mis pensamientos. En fin, acá estoy nuevamente para seguir dando batalla en este largo recorrido llamado vida. Porque nada es para tanto y tanto no lo es todo. Porque las cosas no siempre son como uno espera y la idealización forma parte del adn humano. Y la música, ante estas circunstancias tan distópicas y a su vez antagónicas, es un escapismo. El salvataje que todo ser humano necesita para no caer en lo profundo del pozo.

El último revisionismo tuvo como protagonista al Ep de Makon. Punk rock californiano de nuestras costas. El anhelo veraniego que siempre vive dentro de mi corazón. Más en tiempos de pandemia, de encierro y de incertidumbre. Hoy vengo a saldar una deuda. En realidad, siempre digo lo mismo. Estoy en deuda con todas las bandas sobre las que escribo y eso es bueno, porque quiere decir que siempre hay algo sobre qué escribir y sobre qué historizar.

La columna de hoy la decidí mientras dormía. En realidad, en el estado de vigilia. Ese momento en el cual no sabés si estás dormido o estás despierto. Donde no tomás dimensión de las cosas y no entendés absolutamente nada. Últimamente vivo mucho en ese estado. Será por los tiempos que atravesamos o porque mi cabeza no puede dejar de maquinar a raíz de las vivencias que tuve en este último tiempo. No sé. Pero de lo que estoy seguro es que hoy voy a desglosar un disco que me gusta mucho y que por suerte, tuve la fortuna de escuchar en vivo.

Pasaron siete años del nacimiento de Radha de Miércoles Violeta. A diferencia de otras veces, el puntapié esta vez será distinto. Este disco representa rabia. Potencia lírica y musical. Dulzura. Catarsis. Conmoción emocional. Básicamente, un cóctel explosivo de sentimientos. Iba a hablar de adolescencia, pero no quiero apropiarle los sentimientos únicamente a los adolescentes. Porque hoy por hoy, ya sin ser adolescente, las letras de este disco me tocan la fibra más sensible de mi cuerpo.

Claro, ahora todo tiene sentido. Arranqué esta columna hablando de mi actualidad, pensando erróneamente que no tenía que ver con este disco. Mentira. Radha me representa a flor de piel y no es casualidad hablar de Miércoles Violeta en este momento. Debajo del umbral de mi consciencia una fuerza psíquica aprovecho mi estado de sueño para decirme: «Sí, revisioná Radha». Tal vez sea hasta terapéutico. Y espero que cumpla esa función.

Por mi tardío arribo a Mar del Plata, sólo viví la última época de Miércoles Violeta. Sus últimos coletazos dentro del under marplatense. Siempre recuerdo una fecha en la que tocaron junto a Árboles Jóvenes y Los Asteroide. Un verano en Zwan. Ese día mi cerebro se derritió bastante. Me gustaba mucho la impronta de la banda. Más allá de lo lírico y lo musical, cualidades fáciles de destacar a una simple primera escucha, Miércoles Violeta emanaba una energía particular en vivo.

Si hablamos de influencias, es una banda que pasea por muchos lugares. Acomodarlos dentro de lo alternativo sería una buena forma de describir su sonido. A mí particularmente, por momentos me recuerda a Smashing Pumpkins en su primer disco, Gish. Aunque también su sonido se volcaba a un espacio mucho más pesado y denso. Con estas dos referencias es suficiente para dar una introducción a su sonido, aunque cada uno debería sacar sus propias conclusiones.

Miércoles Violeta estuvo conformada por Sebastián Toyos en guitarra y voz; Agustín Baldoni en guitarra y coros; Joaquin Recalde en bajo y Matías Nahuel Valente en batería (posteriormente reemplazado por Guido Barciulli). Si bien el disco fue grabado en los inicios del 2012, fue publico recién en mayo de 2013 (por lo menos en lo que respecta a plataformas digitales). Como verán, en sus líneas hay conocidos artistas de la escena local que hasta el día de hoy continúan en el camino de la música. Sebastián Toyos lanzó un disco solista (muy recomendable) y Baldoni hace no más de una semana también tiró a la cancha su primer material solista. Una buena cura para los nostálgicos.

Durante mis estudios en la facultad de periodismo, los docentes siempre hacían hincapié en no adjetivar excesivamente. Tarea difícil en esta ocasión. No puedo con mi genio, porque este disco me fascina. Más allá de lo musical, la óptica lírica de Miércoles Violeta es muy interesante. Porque no son simplemente letras que sensibilizan y listo. Llaman a la interpretación y es por eso que me gustan tanto.

«El aire alimenta tu oxidado pulmón, rana de cal, desterrada de amor» o «Pétalos negros sangran del cielo otra vez. Polillas tuertas buscan morder tu corazón», son claros ejemplos del poder metafórico que explayan en sus canciones. Y eso, sin lugar a duda, me vuelve completamente loco. Se deja entrever una influencia Spinetteana, muy poética y muy sensible. Recomiendo el ejercicio de leer las letras y no sólo quedarse con una escucha de este disco. Si bien es una redundancia pedir que le den play a Radha, hago este llamado de atención para poder captarlos como oyentes de esta joya marplanauta.

Efectivamente esta columna cumplió con su rol terapéutico. Tal vez ahora pueda conciliar el sueño de mejor manera y mi cabeza se tranquilice un poco. Reconozco que volver a estas canciones fue una caricia al alma y a mi corazón. Si alguien conoce un mejor refugio que la música, por favor que me avise. De momento, yo voy a seguir respaldándome en melodías y letras. Porque como bien declara Miércoles Violeta en Tierra: «Ya habrá tiempo, ya lo habrá, de volar y nada más».

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