Fin de semana de #Revisionismo en Duias Music y esta vez es el turno de “T.O.C” de Karl Peterson.

|Por Makú Rodríguez|


Todos le otorgamos un valor significativo a un disco o a alguna banda. En mi caso personal, siempre le agradezco a los cielos que un disco de Ramones haya llegado a mis manos. Ese fue el inicio. Es redundante decir que siempre se empieza por algo. Hay puntapiés que son más que necesarios para comenzar a abrir recorridos dentro de la música y conocer cosas nuevas. Yo empecé escuchando Ramones y de ahí me fui abriendo para todos lados.

Aterricé en Mar del Plata con 15 años y una mochila llena de parches y dibujos con liquid papper. De esta ciudad sólo conocía a Loquero y pensaba que era lo único que existía. Llegar a Mardel después de haber dados mis primeros pasos en recitales en Capital era difícil. La búsqueda tenía que comenzar de nuevo. Estaba resignado. Sentía que Mar del Plata no tenía nada que ofrecerle a un adolescente con ganas de escuchar hardcore punk.

Mientras yo seguía renegando por no vivir en Capital e ir a ver a mis bandas favoritas, mis amigos de allá curtían la movida a más no poder. Lógicamente el abanico era más amplio y el caudal de bandas mucho más grande. Recorría las disquerías del centro en busca de información local y de data de recitales para poder ir. Entre todo este trabajo de campo y caminata por la ciudad, un día mis amigos (que funcionaban como una suerte de corresponsales de la escena de Capital) me mandaron un video. “Chabón, esta banda es de Mardel, por favor mirá este video y anda a verlos cuando puedas”.

Se trataba de una sesión de Karl Peterson de tres canciones. No podía creer que esa banda fuera de mi nueva ciudad. Mi prejuicio con Mar del Plata comenzaba a desvanecerse. Retomando con la premisa del inicio de la columna, así como Ramones me adentró en la música (o al menos en lo que deriva del punk), Karl Peterson fue una de las bandas que me introdujo en el circuito de bandas marplatenses, junto a Crucial Pit (en algún momento desglosaremos algo de ellos).

Si mal no recuerdo, la primera vez que vi a Karl Peterson fue en la fecha doble que hizo Eterna Inocencia en el viejo Casa Rock. Dos fechas en enero con muchísimo calor y cortes de luz de por medio. Era verano y había muchísima gente. No sólo de mardel, sino de distintos lugares de Capital y Gran Buenos Aires. Mis dos mejores amigos, quienes me dijeron que escuchara a KP, vinieron para la fecha. “Te dijimos que te iba a gustar”. Mis hermanos me conocen a la perfección.

Quedé fascinado. Casi pegado a esas dos fechas, los Peterson se presentaron en la Villa Victoria junto a Loquero, Los Kin, Ahora o Nunca y Falo da Merda en el marco del primer Mardel bajo tierra. Creo que desde ese día, no me perdí una fecha más de ellos hasta la actualidad.

Por aquel entonces sólo tenían editado TOC, el disco del que vamos a hablar en la columna de hoy. Después de esta suerte de introducción, vamos a abocarnos puramente al primer disco de Karl Peterson.

Editado en el año 2012, T.O.C es un disco que de por sí te deja con ganas de más. Arranco con esto como advertencia para aquellos que no han escuchado este disco. Con tan sólo ocho canciones, los Peterson ofrecen una ráfaga de canciones a pura velocidad, potencia y pasión.

Mutante es la primera canción y da por sentado como va a ser la onda del disco. Comienza con un rulo de batería, seguido de un fraseo de guitarra que martilla cualquier cabeza. Casi sin respiro, al finalizar Mutante, es el turno de Equinoxio. La velocidad sigue siendo la característica principal de las dos primeras canciones del disco. La fusión entre acordes dulces y volados, más un bajo bien marcado y una batería dura y rápida, le otorgan a Karl Peterson un sonido melódico fácil de reconocer. Como para dar un leve respiro, la tercera canción es Pisando. El riff de bajo del principio es muy reconocible por aquellos que escuchan a la banda. Nuevamente la batería se funde con el sonido de las cuatro cuerdas y van construyendo de a poco el resto de la canción.

“Encontrar un sentido real que acrecienta mi integridad, incontables las veces que yo me he mentido para no estar mal” grita Tom en el estribillo de Pisando. Una de mis canciones preferidas del disco. Las letras de Karl Peterson emanan muchísimo sentimiento y es una de las cosas que más me gustan de la banda.

Foto de la época de la grabación de TOC, 2012.

Las columnas de revisionismo suelen estar atravesadas por las experiencias de quien escribe. Sueno repetitivo resaltando siempre la nostalgia que me generan las canciones, no sólo  de KP, sino de casi todas las bandas que han pasado por esta columna y por mi curación. Aun así, voy a remarcar este sentir. Es una banda que en sus letras me trae buenos recuerdos de tardes estivales con amigos y viejos amores. Al fin y al cabo, los sentimientos son un motor. Y si voy a hablar de TOC es inevitable no hablar de sentimientos.

Al llegar a la mitad del disco nos encontramos con No Parar. Una canción que casi no da respiro entre tanta velocidad y rabia. La quinta canción del disco quizás sea la más tranquila de todas. Máquinas ofrece un tempo mucho más calmo y sereno que el resto, aunque de serenidad tiene poco y nada. Luego es el turno de Control. Otra vez la velocidad y la rabia dicen presente, dándole fin al leve respiro que nos brindó Máquinas.

Ya con Dante en la nueva formación, de gira por el sur de nuestro país y Chile

Las últimas dos canciones del disco son mis letras favoritas. Nuevamente, la pasión y la rabia como elemento fundamental de composición. De por sí, la frase inicial de Io me fascina: “Quien escribe, recuerda las batallas”, aunque pensándolo bien, me gusta mucho el “Terminar de romperse para comenzar a ver, para comenzar a arreglarse” No sé, es un dilema lírico que sigo sin resolver. Lo cierto es que ambas denotan muchísima fuerza.

TOC termina con El Significado. Otra de mis piezas favoritas del disco. Es inevitable no interpretar esta canción como bastante autoreferencial. “Lo que siempre soñé desde que era muy guacho” como ante sala de un silencio breve que termina por estallar en velocidad y un agradecimiento al estar vivo. Finaliza el disco y es hasta el día de hoy que sigo anhelando que continúe.

Entre cambio de bajista y otras inclemencias, después de TOC, Los Peterson se tomaron su debido tiempo para sacar “Quemar Las Naves” (disco que en algún momento también será desglosado). Más allá de esto, destripar el primer disco de ellos era algo que tenía pendiente, no sé si con mi vocación, pero si conmigo mismo.

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