Segunda edición de #Revisionismo en Duias Music y esta vez es el turno de Tierra de Conejos de Luzparís. Editado en el año 2010, la segunda placa discográfica de la banda marplatense, es una pieza fundamental de la música del nuevo milenio.

|Por Makú Rodríguez|


Creo que todos tenemos un caballito de batalla para enaltecer a la música de nuestra ciudad. No importa el género, Mar del Plata posee varios frentes musicales de los cuáles debemos estar orgullosos. Lógicamente es amplísimo el catálogo de bandas y de discos. Por eso desde Duias siempre remarcamos la importancia de ser una plataforma de agite marplatense y de alguna manera, llevar en alto el estandarte musical de la ciudad y demostrar que no hay nada que envidiarle a otras ciudades en cuanto a calidad de artistas.

Retomando con la premisa del caballito de batalla, para la segunda columna de #Revisionismo elegí uno de los tantos discos que decido mostrarle a la gente cuando hablo de bandas de Mar del Plata. Tierra de Conejos de Luzparís es sin duda uno de los cinco álbumes que forman parte de mi primera línea en el campo de batalla. La analogía bélica no la planteo de manera ofensiva, es más que nada algo figurativo para poner a Tierra de Conejos en el frente de defensa de la música marplatense. Además, siempre es bueno agregarle cierto carácter épico a la cuestión. Épico como el disco del que vamos a hablar a continuación.

Creo que el comienzo del invierno es un buen momento para mimetizarse con este disco. De por sí la atmósfera post rock, fusionada con el noise y el sinthpop, le otorgan a este disco ciertas características que encajan a la perfección con los días grises y fríos. La música de Luzparís en general es un vuelo.

No solamente en Tierra de Conejos, sino que ya lo venían planteando en su primera placa del año 2007 titulada “Dormir con el ruido de la lluvia”, un disco mucho más noise y catártico. El primer trabajo discográfico de Luzparís es una pieza bastante extraña que pulula por algunos recovecos de internet. Con esta columna, además de recomendar y reseñar discos, lo que buscamos también es hacer un poco de archivo y poder mostrarle a ustedes, los lectores, el génesis y los inicios de las bandas de Mar del Plata. Aquellos que estén interesados en escuchar lo primero de Luzparís, pueden descargar el disco desde la página de la discográfica (sadnessdiscos.com.ar).

Luzparís cuenta con tres discos en su haber: Dormir con el ruido de la lluvia (2007), Tierra de Conejos (2010) y La Invasión (2016). A lo largo de su trayectoria discográfica, hubo patrones que se respetaron y otros que no. Tierra de Conejos, a diferencia de sus otros dos trabajos, es un disco puramente instrumental, en el que la única conversación existente se da entre guitarras que navegan en un espacio sideral de deelays y efectos. Quizá el más volado y experimental de sus tres creaciones.

Más allá de que suene redundante, el patrón que se respeta de principio a fin en la discografía de Luzparís son los climas cambiantes que van desde la tranquilidad hasta la destrucción. El noise de alto vuelo y la búsqueda de nuevos sentidos son una de las marcas registradas de la banda. Si continúo con las analogías, puedo catalogar a Luzparis como una banda ciclotímica, en la que por momentos te encontras caminando por un bosque invernal silencioso para luego aparecer en el último piso de un edificio que se derrumba lentamente. Los títulos de las canciones también denotan cierta catarsis y climas explosivos.

Luzparís en acción. Foto extraída de su página de Facebook.

Ahora bien, yendo puntualmente a Tierra de Conejos, la segunda placa de la banda marplatense cuenta con ocho canciones. Si bien puede parecer poco, la duración de los temas lo convierte en un disco bastante largo. Comienza con la canción que le da el nombre al disco. Más de tres minutos y medio de vuelo místico, que culminan con una explosión ruidosa de veinte segundos. Seguido de este periplo con altibajos estelares, continúa la canción Río Negro. Con un violín celestial y una base de batería similar a la caída de un precipicio, las dos primeras canciones podrían ser tranquilamente una sola.

Los temas tienen un hilo conductor. El disco en sí podría funcionar como una canción larguísima. Pegado a Río Negro comienza Mil Zombies contra Mil Robots. Siete minutos de gravedad cero. Como estar dentro de una nave espacial con rumbo a las estrellas. Para seguir con este clima espacial, mezclado con turbulencias, la cuarta canción es Evitando la Caída. Al igual que en la primera canción, se vive un clima de tranquilidad hasta que el tema se quiebra para entrar nuevamente en la hecatombe y la destrucción.

Finaliza la primera parte del disco. Hasta el momento la ciclotimia reina. Las primeras cuatro canciones denotan los aspectos que vengo remarcando. Climas cambiantes, una atmósfera espacial, sumidos en una inminente amenaza de destrucción y caos.

La calma (que antecede al huracán) es la quinta canción del disco. Como bien lo dice el título, podemos situarnos en un clima de incertidumbre total en el que no sabemos para donde disparar. Después de seis minutos y medio, sin ningún tipo de corte, es el turno de El Huracán. Guitarras octavadas para introducirnos en el ojo del mismo. A la mitad de la canción se escucha un dialogo, que pareciera ser extraído de una película. Es difícil de identificar, pero en la charla se puede reconocer que hablan de un cometa. Un misterio que sólo los Luzparís (o algún culto del cine) podrá descifrar.

Entrando a la última parte del disco, compuesta por dos canciones, es el turno de Televisión. Comienza con un pequeño diálogo de Los Simpsons. “Milhouse, lo siento muchísimo” “Él no te escucha, le pusimos algodón en los oídos” acá si puedo situarme bien. La referencia a la familia amarilla es mucho más entendible y conocida. Llegando a la mitad de la canción hay otro diálogo de Los Simpsons. Esta vez es otro capítulo, en el que Homero, Bart, Ned y Rod Flanders naufragan en una balsa. Probablemente sea la canción más noise del disco.

Tierra de Conejos finaliza con mi tema favorito. Miami 275. Siempre me enloqueció el inicio. Un arpegio dulce de guitarra mega nostálgico, al cual se le engancha otra guitarra, una base de batería sin complicaciones y un bajo que suena de las profundidades del mar. Como era de esperarse, ante la inminente bipolaridad del disco, la canción se rompe a los 2 minutos con una guitarra distorsionada que detona todo. Luego de la explosión, la canción vuelve al clima nostálgico y sereno. Llegando a los 7 minutos, todo se tranquiliza por completo y se va difuminando en un minuto de arpegios celestiales y sintetizadores. El disco termina con la elevación absoluta y el viaje llega a su fin.

Esta peripecia llamada Tierra de Conejos es el caballito de batalla que elijo para defender a mi ciudad. Creo que los climas cambiantes lo convierten en un disco más que interesante. De esos álbumes a los que siempre les encontras algo nuevo. Una perfecta fusión entre la nostalgia y la impulsividad. La destrucción y la tranquilidad.

 

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