Si bien pareciera que el encierro lentamente va quedando en el olvido, el arte de revisionar no se toma descanso. Viajeamarte de Muda pasó por la papila gustativa musical de Duias Music dejando un dulce sabor a descubrimiento perfecto.

|Por Makú Rodríguez|


Hoy estoy encapsulado. No es simplemente distanciamiento social o cuarentena estricta. Literalmente, estoy en un sitio del cual no revelaré ningún tipo de dato geográfico. Diría que es el contexto perfecto para escribir la nota del día de hoy. Sinceramente, me encontraba en una dicotomía complicada sobre qué revisionar en esta ocasión.

Reitero, estoy dentro de una cápsula. De hecho, tengo dos pantallas enfrente mío. En una, escribo. En la otra, suena el disco elegido. El día está gris y se pone difícil distinguir en qué estación nos encontramos. Humedad, tiempo bipolar e indecisiones climáticas. No sabemos si se cae el cielo o si el sol abre una ventana entre nubes para inundar nuestros rostros con esa cálida luz naranja. Sentarse a escribir en este contexto, escuchando buena música, es un privilegio periodístico que nos mima el alma en estos tiempos.

Hoy no estoy tan introductorio. Supongo que viene por el lado de que no conocía a esta banda hasta el día de hoy. Como bien dije más arriba, me encontraba en una dicotomía investigativa. No me desperté muy inspirado esta mañana, debo admitir. Cuando me entran este tipo de lagunas revisionistas, recurro a conocidos para que me tiren un centro al primer palo, para entrar con toda la potencia cabeceadora al mejor estilo Batistuta en la Fiorentina. Y no, no podía dejar de lado la metáfora futbolística.

Hablé con Alex Benedetti para que se encargara de desbordar por la banda derecha y me tirara el bochazo al primer palo. «Gua, decime una banda, la primera que se te ocurra. Tienen que haber grabado un disco hace más de dos o tres años. Que esté buena en lo posible, por favor». Ese fue mi mensaje. Fue la señal para que me tirara el centro al primer palo del arco revisionista. «Muda, Viajeamarte», fue su respuesta. Un centro delicado, sutil y sin mucha vuelta. No se equivocó. Me dio un lindo material para laburar.

Muda. Foto de Federico Schiantarelli

Nunca los había escuchado. La información que me brindó Alex fue precisa. Cuatro pibes que hicieron una sesión en El Bunker. Luego de una pre-producción casera y gracias a la experiencia de la sesión bunkeriana, decidieron grabar Viajeamarte en el mismo lugar que tuvo lugar su sesión audiovisual. Alex sólo se limitó a decirme que sonaban terrible y que la banda estaba buenísima, que el disco que grabaron es espectacular y que, lamentablemente, ya no tocaban más en vivo.

Con esos datos me sumergí en las profundidades de Viajeamarte. Lo puse a un volumen alto y me encapsulé para escucharlo. Creo que la sensación de escuchar una banda nueva que, lógicamente nunca habías escuchado antes, es uno de los sentires más hermosos que nos puede regalar la música. Aunque por otro lado me hace preguntarme a mí mismo dónde estuvieron estos pibes durante todo este tiempo.

Muda fue una banda (a juzgar por el abandono de su página en Facebook, deduzco que pasaron un par de años de su última presentación) de Mar del Plata que navegó por los mares de la experimentación, el cuelgue y que además, pululó por los cielos del space rock. Otorgo esta etiqueta no sólo por su sonido, sino por su impronta estética. La tapa del disco denota cierta devoción por los parajes que se encuentran más allá de las nubes.

Integrada por Juan Manuel Martínez Prieto en bajo y voces, Lucas Ramiro Basta en guitarra, Nicolás Reportella en teclas y vientos, y Franco Armanasco en batería, Muda evidenció su paso por el universo de la música con Viajeamarte, un disco de 10 canciones que te invita a navegar por el espacio sideral.

Viajeamarte es una fusión entre dulzura, tranquilidad y explosión. A lo largo de todo el disco se distinguen diversos matices muy interesantes para ser escuchados y, al mismo tiempo, analizados con detenimiento. De esos álbumes que se escuchan enteros. Desde que me senté a escribir esto ya lo escuché dos veces. Para seguir inspirándome y, al mismo tiempo, por una cuestión de gustos y análisis diversos.

Desde mi gusto personal, destaco canciones como «Seres de Otro Plan», «Faro al Día» y «Vueltas». Si bien todas las canciones me gustaron, creo que esas tres son mis predilectas. Muda además presenta potentes riffs de guitarra que se mezclan con la sutileza de un teclado inmaculado generando una suerte de fusión irrompible.

Desconozco el paradero de los cuatro muchachos que grabaron este disco. Igualmente, de alguna manera, esto les va a llegar. Si leyeron hasta acá, hablándole puntualmente a ustedes, queridos integrantes de Muda, quiero decirles que grabaron un discazo. Más allá de las vueltas de la vida, habrán tenido sus motivos para dejar de tocar y no quiero socavar en ese tipo de cuestiones, sólo limitarme a darles las gracias por plasmar tanto potencial en este disco.

Más allá de cualquier dejo de nostalgia, siempre remarco la importancia de dejar una huella. Uno nunca sabe que podrá pasar el día de mañana, pero Muda puede quedarse con la tranquilidad de que grabaron un gran disco que, desde mi humilde lugar de periodista, quiero reivindicar en esta columna porque merece un espacio, no solamente en el laboratorio musical de Duias, sino en el de todos los amantes de la música de Mar del Plata y el universo.

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