Jeites se presentó este sábado junto a Kanoa en el mítico y reabierto GAP. Con más de diez años de trayectoria, presentaron un show distinto en el marco de su nueva gira, “Fisurar”, y demostraron que la renovación como banda es tan necesaria e inevitable como la propia. Fotos por Diego Banegas.

|Por Juana Martí|


Dos sentimientos se mezclaron para mí el sábado pasado: la alegría de volver a GAP, con todo lo que su reapertura supone para la ciudad; y de ver sobre su escenario renovado a JEITES, una banda que ha sabido colarse en lo más adentro del corazón de muchos marplatenses.

Kanoa dio inicio al encuentro alrededor de las 20.40, con un arranque instrumental donde los vientos (saxo, trompeta y trombón), se sintieron de forma imponente. La banda de reggae marplatense viene marcando sus pasos hace 4 años, y en noviembre del año pasado compartieron escenario con el reconocido grupo norteamericano, Groundation.

Ya en la segunda canción, la gente empezó a bailar junto a los nueve músicos. El ska, como el género musical precursor del reggae, está presente en muchos de sus temas, más influenciado por la segunda y tercera ola. Pero el grupo no se quedò ahí, y demostraron estar en plena expansión cuando presentaron una nueva canción con sonidos más profundos: me animaría a decir que fue una balada rockera espectacular, con acordes sostenidos en la guitarra eléctrica de Rodrigo Olmos. En la batería, Luis Palacios acompañó con precisión.

La voz del cantante líder, Santiago Daconte, bien podría definirse como “clásica” para el reggae, pero demostró saber adaptarla a los diferentes géneros que atraviesan.  El encargado del saxo también tocó la flauta traversa en algunas canciones, y eso le dio un sabor clásico y cálido.

Una mujer se acercó a preguntarme de dónde eran, y pude escuchar a más gente que indagó sobre ellos. Había también quienes se sabían sus temas, pero, tanto unos como otros, bailaron al compás de los «kanoeros». Es una banda muy completa, que pisa el escenario con mucha fuerza y actitud, y supo calentar la previa a la perfección en una noche fría de sábado.

Pero entre los que ya hemos ido a ver a Jeites, sabemos que al frío se lo combate rápido. Salieron al escenario alrededor de las 21.45, y dieron un inicio introspectivo bien consecuente con su estilo. Joaquín Varela, el cantante líder, recitó unas palabras entre las que destaqué: “florecer desde la podredumbre” y, con una reverberación constante, los seis músicos quedaron a oscuras mirando hacia abajo; es que, si hay algo que los destaca, es que ellos realmente “interpretan” cada canción. Sus shows siempre están atravesados por miles de emociones y te lo transmiten con todo el sentimiento.

Después de ese momento, soltaron sus instrumentos para cantar al compás de sus aplausos y los del público: “somos los que cantamos, con un fuego adentro, enamorados viajando y contentos”. Y enseguida explotaron GAP con “Desde el fuego”, canción de su segundo disco, y lograron erizar seguro más de una piel, cuando Josefina Halbach salió al frente con esa voz dulce e imponente.

Tengo nítido en mi memoria estar sentada en la Plaza del Agua, allí por sus inicios, mirándolos con la misma expresión de admiración y amor con la que su público los miró este sábado, mientras una luz roja iluminaba cada “disfraz sin careta”.

Como siempre, la virtuosidad de la banda se desplaza enseguida; Joaquín, soltó su guitarra criolla para agarrar un djembé, y propiciaron un momento de fuerte percusión. Al toque enardecieron GAP, incluso la trompeta de Francisco Halbach tuvo una divertidísima interacción con el público.

Y con “Afropunk” llegó el pogo, canción del álbum “Ciudadano del Mundo”, la cual pertenece a la trilogía “Desde la Tierra”, para seguir con “Carnavalito del Niño” y, como durante todo el show, las luces y la energía característica de los artistas acompañaron volátilmente de forma ideal.

Pero como siempre es necesario bajar, Joaquín habló con su público para dar una especie de transmisión sobre esta nueva gira “Fisurar”, en la que presentaron nuevas canciones que ya recorrieron Santa Fe, Temperley, Haedo, Tandil, Río Colorado, Bahía Blanca, Tres Arroyos, Necochea, Mar del Plata y, espera latente y con emoción, el Teatro Vorterix de Buenos Aires.

Dentro de las genuinas palabras de agradecimiento al público por confiar su tiempo, destacó lo importante que era para ellos estar y, que estemos, esa noche allí. Transmitieron que su percepción sobre la “fisura” es: “bucear dentro de lo que está más debajo de donde siempre llegamos, a donde no nos atrevemos a llegar; donde todavía hay más presión por la profundidad«. Y sí, coincidimos, lo creemos necesario.

Y volvió el rock con fuerza en una canción de su ex percusionista, Lucas Borghi, “Estado Mental”. En “Vuelve Canción”, Josefina, recitó el poema de Eduardo Galeano que está escrito en el disco que encapsula la trilogía “Desde la Tierra”.

Las canciones de Jeites van del reggae al folk rock, de un carnavalito a un country, cada álbum con una propuesta diferente, y esta mudabilidad también la expresan en el escenario; tocaron una nueva canción, en la que el bajista, Tomás Halbach, le cedió su bajo al percusionista Gaspar Faltum, e interpretó el teclado y cantó él mismo: “la mujer se ha levantado, verdes son las nuevas olas…canto sanador, lo que yo más quiero, poder ser verdadero”. La batería de Juan Francisco de Paula, se destacó en este nuevo tema profundo.

El público estuvo súper receptivo como durante todo el espectáculo, al igual que cuando llegó el turno de la canción que lleva el nombre de la gira; de nuevo: la fusión de música y teatro que llevan a la perfección fue digna de silbidos y fuertes aplausos.

Y para seguir con la interacción, Gaspar agarró la criolla y el clímax de la noche llegó con un Joaquín que bajó del escenario para atravesar, mirar a los ojos, y sentir a su público, mientras Gaspar cantaba una canción propia: “y en el ritual de la canción, pocos se preguntan dónde va el alma”.

Las emociones siguieron vívidas: repasaron temas como “Sereno Moreno” y cantaron entero el tema “Polvo de estrellas”, del cual sólo se había conocido una introducción del estribillo y el ritmo. Francisco, el encargado de la guitarra eléctrica y la trompeta, sorprendió con otros versos que no se conocían, pero no con su voz aguda tan envidiable, que la volvió a sacar con naturalidad en “Quiero Estar”, del disco “Mi Sol Mayor”.

Cuando llegó “Acariciar lo eterno”, interpretada por Josefina, la gente comenzó a bailar y cantar al unísono, y al ver que era de las pocas canciones en las que algunos sacaron su celular para filmar, me llegó la reflexión de que el público de Jeites es de esos al que le gusta estar allí, en el disfrute del momento presente; tal como lo predican, sus mensajes, llegan.

Otro gran momento de conexión, fue cuando Joaquín quedó solo y cantó una canción sensible del álbum debut, la cual grabaron junto a Adrián Berra, “Si vos querés”. Y volvió el pogo con “Necesito” y “Triste y Melancólica”. En “Hola Hola”, perdí la cuenta de los “climax de la noche”.

Y así, con los temas que dieron sus inicios, empezaron a despedirse alrededor de las 23.30. Agradecieron a sus seguidores “de siempre” y a “los nuevos”, tocaron “Fuerzas” y la gente aplaudió con el entusiasmo que correspondía.

El clásico “uno más” no faltó, y ellos, como si hubiese sido poco, tocaron “Me caigo adentro”, “improvisación para un mundo mejor”, y cada uno de los seis se destacó en una parte. Pero los Jeites dejan todo, fluyen con su gente, y al típico “no nos vamos nada”, respondieron con “Equilibrios” y “Partículas del aire”.

Transmitieron como siempre mucha potencia, reflexión y amor; también proceso, asimilación, humildad, desconocimiento y reconocimiento. La nostalgia de lo pasado siempre está presente en la música, en la vida misma; pero,

¿quién crece sin mutar?

 

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